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Yéremi Pino, por Farruqo.

Yéremi Pino, el niño de La Pantera Rosa que quiere conquistar el mundo

Del patio de un edificio en el Lomo del Chinche a un Mundial con España, la historia del futbolista grancanario es la de un talento precoz moldeado por el sacrificio familiar, la memoria de sus abuelos y una carrera construida a velocidad de vértigo

Hay partidos que marcan la carrera de un futbolista. Canteranos que debutan con el primer equipo del club en el que se forman hay muchos. Algunos aparecen en la élite como premio por su trayectoria en los filiales; otros porque el entrenador de turno quiere apuntarse el mérito de haber descubierto a una joven promesa. Sea cual sea la razón, la cuestión para el jugador es aprovechar la ventana abierta para quedarse y convertirse en profesional. Siempre existe un partido que define esa línea invisible que separa el debut esporádico de la irrupción de una futura estrella.

Yéremi Pino derribó esa pared el 6 de mayo de 2021.

Aquella noche, el Villarreal se jugaba la historia en el Emirates Stadium. El conjunto castellonense defendía ante el Arsenal la ventaja obtenida en la ida de las semifinales de la Europa League. Apenas se había consumido media hora de partido cuando Samu Chukwueze, uno de los futbolistas más determinantes del equipo, pidió el cambio por lesión. Unai Emery miró al banquillo. Primero ordenó calentar a Yéremi Pino. Apenas unos segundos después rectificó. Ya no había tiempo para pruebas ni calentamientos largos. Le pidió que se preparara porque iba a entrar.

En memoria de Carmelo y Tavío

Con apenas 18 años, aquel chico de Las Palmas de Gran Canaria recibió la responsabilidad de ayudar a sostener una clasificación histórica. El Villarreal jamás había disputado una final europea. El escenario era uno de los estadios más imponentes del continente. Delante esperaba un Arsenal plagado de internacionales. No era un contexto diseñado para adolescentes.

Yéremi dio un paso al frente.

Aquel día dejó atrás definitivamente la condición de promesa. Más allá de su debut meses antes con el primer equipo, fue en Londres donde se convirtió en futbolista profesional de pleno derecho. Allí comenzó realmente la carrera del jugador que hoy forma parte de la élite mundial. También empezó a cumplirse el sueño de dos personas fundamentales en su vida: Carmelo y Tavío, sus abuelos.

Yéremi Pino, abrazado por Nico Williams, celebra un gol con España en el Heliodoro Rodríguez López. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE

Bocadillo de pechuga

Ellos estuvieron presentes en cada etapa de su crecimiento. En los campos de tierra y césped artificial donde comenzó a destacar. En las tardes de fútbol base con el Barrio Atlántico. En los partidos con la AD Huracán. En su paso posterior por la cantera de la UD Las Palmas. Siempre cerca, siempre pendientes. Con las recompensas sencillas que solo entienden los niños y los abuelos. Un bocadillo de pechuga de pollo con alioli si marcaba un gol. Un abrazo después de cada partido. Una presencia constante que hoy sigue acompañándole de otra manera.

Cinco años después de aquella noche en Londres, Yéremi Pino es uno de los futbolistas españoles más consolidados de su generación. Su currículo, pese a su juventud, ya impresiona. Campeón de la Europa League con el Villarreal. Campeón de la Nations League con la selección española. Campeón de la Conference League con el Crystal Palace, el histórico club londinense que desembolsó una importante cantidad para incorporarlo a la Premier League. Y, sobre todo, integrante de la lista de 26 futbolistas elegidos por Luis de la Fuente para disputar el Mundial de 2026.

Lomo del Chinche

No es un detalle menor. España produce talento en cantidades industriales. Cada convocatoria deja fuera a jugadores de enorme nivel. Formar parte del grupo que representa al país en una Copa del Mundo es una distinción reservada a muy pocos. Yéremi la ha alcanzado antes de cumplir los 24 años.

Probablemente ese sueño mundialista ya rondaba por su cabeza cuando todavía era un niño que corría por los patios de un edificio del Lomo del Chinche conocido por todos los vecinos con un nombre peculiar: La Pantera Rosa.

Allí, en el 2A, comenzó una historia que hoy sigue escribiéndose en los grandes estadios del planeta. Antes de ser internacional, antes de conquistar títulos europeos o de escuchar el himno de España en una gran competición, Yéremi era simplemente un niño hiperactivo con una pelota pegada a los pies.

Fábrica de talento

El Lomo del Chinche se ha convertido con el paso del tiempo en una pequeña anomalía estadística dentro del fútbol canario. Resulta difícil encontrar una zona tan concreta de Las Palmas de Gran Canaria que haya producido tantos talentos en tan poco espacio geográfico. Por allí crecieron también futbolistas como Jonathan VieraJesé RodríguezSandro Ramírez o David González. Un fenómeno digno de análisis sociológico y deportivo.

Yéremi Pino lamenta una ocasión fallada. / EFE

Desde muy pequeño, Yéremi empezó a romper registros en el fútbol base grancanario. Su velocidad, capacidad para el desborde y facilidad para el gol llamaron la atención de numerosos clubes. El interés llegó incluso desde La Masía. El FC Barcelona intentó incorporarlo siendo todavía un niño.

La Masía, Villarreal...

Aquella aventura, sin embargo, apenas duró. La distancia con su familia pesó demasiado. El joven futbolista regresó a Gran Canaria. Era madridista. Echaba de menos su casa. Y todavía no estaba preparado para afrontar una separación tan temprana.

La oportunidad definitiva aparecería más tarde.

Fue el Villarreal quien terminó apostando por él cuando todavía estaba en edad cadete. Tampoco fue una decisión sencilla. Supuso abandonar la isla, los amigos, la rutina y la cercanía de los suyos. Pero en Castellón encontró un entorno que facilitó la adaptación. Había otros canarios en la estructura del club. Además, sus padres tomaron una decisión que explica muchas carreras deportivas de éxito: trasladarse durante dos años para acompañarlo en el proceso.

Detrás de cada futbolista que alcanza la élite suele existir una historia de sacrificios silenciosos. Horas de carretera. Mudanzas. Renuncias laborales. Esfuerzos económicos. La familia de Yéremi también recorrió ese camino.

Apuesta de Emery

La recompensa llegó pronto. En el Villarreal quemó etapas a una velocidad extraordinaria. Se convirtió en uno de los talentos más prometedores de la cantera amarilla y fue derribando récords de precocidad. Debutó en Primera División siendo prácticamente un adolescente. Se asentó en la élite antes de alcanzar la mayoría de edad. Se convirtió en una apuesta de Emery. Y cuando muchos futbolistas de su generación todavía peleaban por hacerse un hueco en el fútbol profesional, él ya disputaba semifinales europeas y levantaba títulos continentales.

Su crecimiento llamó rápidamente la atención de la selección española. Pasó por todas las categorías inferiores hasta alcanzar la absoluta. Con España encontró otro entrenador decisivo en su trayectoria. Luis Enrique apostó por él cuando todavía era uno de los futbolistas más jóvenes del grupo. Después llegó Luis de la Fuente, que siguió confiando en su capacidad para aportar profundidad, velocidad y desequilibrio en ataque.

Vertical

Porque si algo define a Yéremi Pino es precisamente eso: la verticalidad. El fútbol moderno está lleno de extremos que reciben al pie y ralentizan el juego. Él pertenece a otra especie. Ataca espacios. Corre hacia adelante. Presiona. Desgasta defensas. Interpreta el esfuerzo colectivo como una obligación innegociable.

Yéremi celebra un gol recordando a sus abuelos. / EFE-EPA

Esa mentalidad explica por qué ha logrado mantenerse en la élite incluso después de atravesar momentos complicados, incluidas lesiones importantes que amenazaron con frenar su progresión. Su carrera no ha sido una línea recta. Ninguna lo es. Pero siempre ha encontrado la manera de regresar.

Mientras tanto, la esencia permanece intacta.

Puede jugar en la Premier League. Puede disputar un Mundial. Puede conquistar títulos europeos. Puede compartir vestuario con algunas de las mayores estrellas del fútbol internacional. Pero sigue siendo el niño que salió de La Pantera Rosa.

Vínculo con Gran Canaria

Quienes lo conocen destacan que nunca ha perdido el vínculo con Gran Canaria. Mantiene las costumbres aprendidas en casa. Escucha habitualmente la música de Quevedo antes de los partidos. Regresa a la isla siempre que las vacaciones lo permiten. Conserva la cercanía de quien sabe perfectamente de dónde viene.

Y también conserva una celebración. Cada vez que marca un gol, sus brazos buscan el cielo.

No es una pose ni una estrategia de marketing. Es un mensaje. Una conversación silenciosa. Un homenaje íntimo a Carmelo y Tavío. A aquellos abuelos que recorrieron campos de fútbol base durante años. A quienes prometían bocadillos cuando llegaban los goles. A quienes ayudaron a construir la persona antes que al futbolista.

Barrio y esfuerzo

En una época en la que el fútbol parece cada vez más dominado por cifras astronómicas, contratos millonarios y operaciones internacionales, la historia de Yéremi Pino sigue teniendo algo profundamente reconocible. Habla de familia, de barrio, de esfuerzo y de memoria.

Quizá por eso conecta tanto con Canarias.

Porque detrás del internacional que hoy persigue el sueño de conquistar un Mundial con España sigue estando aquel niño del Lomo del Chinche que aprendió a jugar entre edificios, que soñó con ser futbolista en un patio cualquiera, que después del futbol se imagina sencillo regentando una cafetería y que nunca olvidó a las personas que lo ayudaron a llegar hasta allí.