Los comercios del centro de La Laguna han ido desapareciendo gota a gota durante los últimos meses. 2025 dejaba atrás un local de la librería Lemus, sustituído por una franquicia de alimentación; Almacenes Herreros, una de las empresas más antiguas de Canarias, o Deportes Base; y 2026 empezaba con la despedida de Casa Peter, un emblema en la gastronomía de la ciudad y de la isla. Ahora, parece que los cierres se precipitan.
Meryem, propietaria de La Fabulosa, una tienda de vestidos de novia y de fiesta, publicaba en redes el pasado fin de semana que se unía a una oleada de comercios pequeños que bien cerraban por completo, bien se marchaban de la ciudad: "A La Laguna nunca más", dice esta comerciante en conversación con Atlántico Hoy.
Mucha gente, pocas ventas
"Estaba pagando 2.600 euros de alquiler y esta ciudad no nos pone facilidades a los autónomos", afirma la empresaria, que mantiene otra tienda en Santa Úrsula y tiene previsto montar una nueva en Santa Cruz. "Llevo un año en La Laguna porque muchas de mis clientas en Santa Úrsula eran de aquí, pero aquí no se vende nada. Son todo turistas".
Además de una ciudad tomada por el turismo, en el que "mucha gente pasea pero poca gente compra" Meryem explica que no puede competir con plataformas como Shein o Temu, aunque ella lo que ofrece es "atender con todo el cariño del mundo".
Cambios en el consumo
Este es el mismo problema que ve Vanessa, dueña de otro comercio que ha cerrado en el casco urbano, la tienda de bisutería Mui Mia. En la calle, afirma, "no hay clientes". Las comerciantes coinciden en el diagnóstico: un cambio en los hábitos de consumo. "Si te aburres en tu sofá, coges el móvil y compras, nosotros no podemos competir con eso", dice Vanessa.
Pero además del comercio online, las franquicias de consumo rápido y masivo también afectan a sus ventas, como explica Mari, de la papelería PeBa que también anunciaba su cierre estos días: "La gente prefiere poca calidad a precios baratos. A mí me preguntan por el gramaje del papel, pero compran libretas a dos euros en las franquicias que están en el centro y ahí les da igual".
"El ruido que hay en la calle no está dentro de las tiendas", explica: "Tú ves la calle llena de gente pero la cantidad de personas que entran no es directamente proporcional", cuando hace unos años esta relación estaba más compensada. "El consumo ha ido decreciendo".
Competir con grandes empresas
Para Vanessa, la gente "tiende cada vez más a comprar en franquicias. Ellos tienen marketing y para nosotros es súper difícil competir". Además compran de más lejos y con menos cuidado por la calidad, explica: "A mí me sale muchísimo más caro traerme un pedido de mucho material, no de una pieza sola, que lo que le puede hacer una persona comprar de uno a uno, aunque se supone que debería ser al revés".
“Es una ciudad de franquicias”, afirma. Sin ir más lejos, en mayo de 2025, Atlántico Hoy adelantaba la próxima apertura de un Burger King en el centro de la ciudad, cerca de la plaza de La Concepción.
Los vecinos del casco no están de acuerdo con esta decisión y consideran que en La Laguna la gente "va por las tascas y no por las franquicias". Sobre esto, la dueña de La Fabulosa tiene una opinión: la ciudad les sirve como escaparate a las franquicias, "incluso aunque no hagan ventas, porque se lo pueden permitir." Pero el pequeño comercio necesita vender para seguir vivo, y "nos estamos asfixiando" concluyen.
