Agoney Melián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife

Opinión

A solas con mis demonios

Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife

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Hace unas semanas me fui a tomar un café con una amiga. Hacía tiempo que no nos veíamos y me contaba lo mal que lo había pasado por algún tema personal. Sentí mucha ternura a lo largo de nuestra conversación y a la vez un poco de impotencia por no haber estado ahí cuando me necesitaba. De todo su relato hubo una frase que me marcó y me hizo reflexionar profundamente; me dijo: “Lo peor fue cuando me quedé a solas con mis demonios”. Me explotó la cabeza e intenté empatizar con ella, ¿qué será eso de quedarte a solas con tus demonios?

Muchos de ustedes ya me conocen, pero los que me leen por primera vez, deben saber que me encanta el desarrollo personal y que ha supuesto en mi vida gran parte de lo que soy como profesional pero, sobre todo, como persona. En mis cursos o charlas, en las que lo único que intento es compartir ciencia, me hago muchas preguntas y reflexiones, aunque nunca había caído en cuáles eran mis demonios y si alguna vez había estado a solas con ellos. Supongo que te estás haciendo la misma pregunta.

La vida nos lleva a un ritmo que a veces no sabemos si las cosas que hacemos las llevamos a cabo porque queremos o porque alguna extraña creencia social nos lo ha marcado. Dedicamos mucho tiempo a todas esas cosas que deberían ser gratificantes y a veces hemos perdido la magia de aprender a disfrutar de la quietud, de los momentos de calma y de la soledad hasta tal punto que cuando este momento llega aparecen esos demonios.

Ojalá sirva este texto de hoy para que nos sentemos a pensar si esto que estamos haciendo es lo que queremos para nuestra vida. Vivimos en la sociedad que compite por la historia de Instagram más chula, por la foto perfecta y por las ansias de ser reconocidos por los demás a nivel profesional. Una sociedad que nos ha llevado a necesitar tener planes constantes para entender nuestra existencia y que nos ha llevado a tener, desde mi punto de vista, una carencia vital para nuestra paz interior, conocernos, cuidarnos y querernos en soledad. ¿Te has preguntado alguna vez como sería tu vida sin redes sociales? ¿Sin reuniones de trabajo constantes? ¿Sin planes que te obliguen a arreglarte para que los demás ejerzan un juicio de valor sobre tu persona? Yo sí y me he dado cuenta de que hay algunas cosas a las que tengo que darle una vuelta.

Hay una pregunta que hago en mis formaciones y que hoy quiero compartir contigo es:  Si hoy fuera el último día de tu vida, ¿este es el día que quieres vivir? Obviamente yo no me quiero morir, pero si te haces esta pregunta de manera fría, y hay muchos días donde la respuesta es no, hay algo que tenemos que cambiar.

Hemos tenido unos años muy duros, la pandemia, junto a todos los problemas sobrevenidos de la misma, nos han dejado una cicatriz que difícilmente podremos sanar si no nos ponemos a trabajar en ello de manera concienzuda. A veces necesitamos un golpe, como el que recibió mi amiga, para ponernos a modificar lo que no queremos en nuestra vida. Hoy me vi en la obligación de recordarte que lo deberíamos de hacer solo por respeto y cariño a nosotros como individuos que queremos ser felices.

A lo largo de estas semanas, a modo de experimento, he buscado instantes para parar y centrarme en cuáles eran mis miedos y preocupaciones. Esto ha sido algo verdaderamente complejo porque por suerte estoy a tope de trabajo.  De todas las reflexiones que pude sacar, una de ellas es que necesito tiempo para estar con la gente que me aporta, para disfrutar de la vida y, por encima de todo, para compartir con la gente maravillosa que me rodea sus penas y alegrías. Necesito tiempo para agradecer la enorme suerte que tengo de tener un trabajo que me permite ayudar a las personas y compartir con ellas experiencias inolvidables. Si de algo me he dado cuenta en esta evaluación es que una de las cosas que necesito urgentemente es tiempo, para conocerme, cuidarme y quererme o lo que es lo mismo, tiempo … para estar a solas con mis demonios.