"La lealtad es algo extraño en política. Está ahí cuando eres fuerte y desaparece cuando más la necesitas". La frase, de Margaret Thatcher, resume una de las constantes más repetidas en la trayectoria de la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez. En su forma de entender la política, la vida, la lealtad no es un gesto simbólico ni una palabra de manual, sino una condición imprescindible para construir equipos y ejercer el liderazgo.
Quienes la conocen en el Partido Popular de Lanzarote, organización que preside desde 2008, saben que ese principio ha guiado muchas de sus decisiones internas. Astrid Pérez no ha dudado en prescindir de colaboradores cuando ha considerado que la confianza se ha roto, incluso cuando eso ha supuesto tensiones dentro de su propio partido. En su trayectoria, marcada por responsabilidades institucionales y orgánicas, la lealtad ha sido una línea roja.
Pero el inicio de su relación con la política tuvo un punto de partida mucho más inesperado.
Un mitin del PSOE por culpa de una canción
Aunque Astrid Pérez (Las Palmas de Gran Canaria; 1969) siempre se ha definido ideológicamente cercana a la derecha desde muy joven, su primer acto político fue un mitin del PSOE. Ocurrió en 1982, en el Estadio Insular de Las Palmas de Gran Canaria, cuando Felipe González protagonizaba una de las campañas electorales más decisivas de la democracia española.
La joven Astrid no fue allí por razones ideológicas.
En aquella época un grupo canario, Palmera, sonaba con insistencia en las radiofórmulas de todo el país gracias a una canción pegadiza: Devuélveme las llaves de la moto. El grupo iba a actuar en el Estadio Insular y la adolescente quería verlos en directo. El problema era que el concierto formaba parte del mitin del PSOE.

A pesar de ello, acudió acompañada de su madre, Marcela Batista, maestra, y pudo disfrutar de aquel concierto que terminó convirtiéndose, sin pretenderlo, en su primer contacto con un acto político.
En ese momento vivía en Mesa y López, uno de los barrios más dinámicos de la capital grancanaria. Astrid Pérez había nacido en Gran Canaria, pero su vida estaba a punto de cambiar de isla.
El traslado a Lanzarote
Su padre, Juan Pérez, formaba parte de la cooperativa de transporte Las Palmas Bus, pero decidió emprender un nuevo proyecto empresarial en Lanzarote: Guaguas Guacimeta. El traslado familiar se produjo cuando Astrid tenía 14 años.
El cambio no fue fácil. Dejar atrás su entorno en Gran Canaria y comenzar una nueva vida en otra isla supuso un proceso de adaptación complejo para una adolescente. Con el tiempo, sin embargo, aquel traslado se convertiría en un elemento central de su identidad.
Hoy, Astrid Pérez se considera conejera al cien por cien.
En Lanzarote consolidó su formación, su carrera profesional y también su trayectoria política. Allí empezó a construir una red de relaciones personales y profesionales que acabaría llevándola a ocupar algunas de las principales responsabilidades institucionales de la isla.
Lectora empedernida
Antes de entrar en política, quienes compartieron su infancia y juventud recuerdan una imagen que se repite con frecuencia: Astrid Pérez con un libro en el regazo.
La lectura fue siempre una constante en su vida. En su entorno familiar era habitual verla leyendo durante horas, una afición que mantuvo durante su etapa universitaria y que sigue cultivando hoy.

Esa inclinación por los libros la acompañó cuando decidió estudiar Derecho en la Universidad de Granada, una etapa académica que completó posteriormente con su formación en la Escuela de Prácticas Jurídicas.
La formación jurídica sería la base de su carrera profesional durante más de una década.
De abogada a política
Entre 1996 y 2011, Astrid Pérez ejerció como abogada. Durante esos años desarrolló su actividad profesional mientras comenzaba a dar los primeros pasos en política.
Su entrada en la vida pública se produjo en 2003, cuando se incorporó al Cabildo de Lanzarote como consejera de Hacienda. Fue su primer cargo institucional y también el inicio de una carrera política que se consolidaría rápidamente dentro del Partido Popular.
Entre 2003 y 2005 desempeñó esa responsabilidad económica en el gobierno insular. Más adelante volvería al Cabildo para asumir otras áreas clave.
Entre 2009 y 2012 fue consejera de los Centros de Arte, Cultura y Turismo, uno de los organismos más estratégicos de la economía lanzaroteña. Y entre 2011 y 2012 ocupó también la Vicepresidencia Primera del Cabildo de Lanzarote.
Ese mismo año, 2011, fue elegida diputada en el Parlamento de Canarias por la isla de Lanzarote, iniciando una etapa de presencia política simultánea en distintos niveles institucionales. En paralelo, consolidaba su liderazgo interno dentro del Partido Popular.
Control del partido
Desde 2008, Astrid Pérez preside el Partido Popular de Lanzarote, una posición que la ha convertido durante años en la principal referencia política del partido en la isla.
Ese liderazgo no ha estado exento de tensiones internas. La política insular suele estar marcada por equilibrios delicados y rivalidades orgánicas, y en ese escenario Astrid Pérez ha construido su autoridad política sobre una combinación de disciplina y control del partido.
La lealtad, nuevamente, aparece como un elemento central. Quienes han trabajado con ella destacan su capacidad para tomar decisiones difíciles cuando considera que la cohesión del proyecto político está en juego.
Conciliar política, profesión y familia
Durante esos años su vida personal atravesó también momentos complejos. Madre de dos hijos, Hugo y Sara, Astrid Pérez afrontó un proceso de divorcio mientras acumulaba responsabilidades políticas y profesionales. En aquel periodo llegó a compaginar simultáneamente su trabajo como abogada, su actividad parlamentaria y sus responsabilidades en el Cabildo.

En más de una ocasión sus hijos la acompañaron al despacho, una escena que refleja las dificultades de conciliar la vida política con la vida familiar en un contexto de intensa actividad institucional.
Con el tiempo, su familia volvería a ampliarse. Casada en segundas nupcias con Antonio Cárdenas, el núcleo familiar incluye también a Adrián y Enrique, hijos de una relación anterior de su marido.
Alcaldía de Arrecife
El salto político más visible de su carrera llegó en 2019, cuando fue elegida alcaldesa de Arrecife, la capital de Lanzarote. La situación que encontró al llegar al Ayuntamiento era complicada. La administración municipal arrastraba problemas financieros y de gestión acumulados durante años.
Uno de los ejemplos más repetidos por quienes participaron en aquella etapa refleja bien el contexto: cuando un coche de la Policía Local se averiaba, el Ayuntamiento no tenía contrato con talleres para repararlo y debía alquilar vehículos.
El reto de reorganizar la administración municipal marcó su mandato. Durante su etapa al frente del consistorio, Astrid Pérez impulsó un proceso de reorganización administrativa y económica que buscaba estabilizar las cuentas y mejorar los servicios públicos de la capital lanzaroteña.

Entre las iniciativas más destacadas de aquel periodo figura la puesta en marcha del primer comedor social municipal de Canarias, un proyecto que respondía a las necesidades de colectivos vulnerables y que se convirtió en una de las iniciativas sociales más visibles de su mandato.
Reelección
En las elecciones municipales del 28 de mayo de 2023, Astrid Pérez fue reelegida alcaldesa de Arrecife. La continuidad en el cargo fue posible gracias a un acuerdo de gobierno con Coalición Canaria, que permitió mantener la estabilidad política en el Ayuntamiento.
Sin embargo, su permanencia en la alcaldía duraría poco. El nuevo escenario político abierto tras las elecciones autonómicas iba a llevarla a asumir una responsabilidad institucional de mayor alcance.
Presidenta del Parlamento de Canarias
En junio de 2023, Astrid Pérez renunció a la alcaldía de Arrecife para asumir la presidencia del Parlamento de Canarias, una de las principales instituciones del Archipiélago.
Su elección formó parte del acuerdo político entre CC y PP que permitió la formación del nuevo gobierno autonómico. Desde esa posición, su papel se centra en garantizar el funcionamiento de la Cámara regional, ordenar el debate parlamentario y representar institucionalmente al Parlamento de Canarias.
La presidencia del Parlamento supone, además, una posición de equilibrio institucional en un escenario político plural, donde conviven distintas fuerzas políticas con intereses diversos. A esa tarea, Ástrid Pérez ha añadido otra: dotar de herramientas al ciudadano para que el Parlamento sea accesible a todos los canarios, ya sea para comunicarse con un diputado, como para seguir la actividad política, conocer la institución o participar en diferentes actos.
Proyección europea
La proyección institucional de Astrid Pérez dio un nuevo salto el 23 de enero de 2025, cuando asumió la presidencia de la Conferencia de las Asambleas Legislativas Regionales Europeas (CALRE).

Esta organización reúne a parlamentos regionales de toda Europa y actúa como foro de cooperación institucional entre territorios con capacidad legislativa. La presidencia de la CALRE sitúa al Parlamento de Canarias en un espacio de diálogo político europeo, especialmente relevante para regiones ultraperiféricas como el Archipiélago.
Constancia
Desde aquella adolescente que acudió al Estadio Insular para escuchar a Palmera hasta la actual presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez ha construido una carrera política de más de dos décadas.
Abogada, consejera insular, diputada autonómica, vicepresidenta del Cabildo, alcaldesa de la capital de Lanzarote y presidenta del Parlamento regional, su trayectoria refleja un recorrido institucional poco habitual dentro de la política canaria.
En ese camino hay una idea que aparece de forma recurrente cuando se habla de su forma de ejercer el liderazgo: la importancia de la lealtad dentro de los equipos políticos. En una estructura orgánica como el Partido Popular de Lanzarote, donde ha ejercido durante años como referencia indiscutible, Astrid Pérez ha defendido siempre que la confianza interna es el cemento que sostiene cualquier proyecto político.

Por eso, quienes han trabajado con ella saben que puede aceptar discrepancias políticas o debates estratégicos, pero no la ruptura de la confianza personal o política dentro del equipo. Cuando eso ocurre, la reacción suele ser clara.
Es una forma de entender la política que recuerda a una reflexión amarga que Margaret Thatcher hizo tras su caída en 1990, cuando parte de su propio partido dejó de sostenerla en el poder. Aquella experiencia la resumió con una frase breve y contundente: "It was a betrayal [fue una traición]".
En política, como en la vida, la lealtad puede sostener una carrera durante décadas… o romperla en un instante. Y Astrid Pérez lo tiene claro desde hace mucho tiempo.



