Marruecos ha tejido alrededor de sus Fuerzas Armadas una red de alianzas que no tiene comparación en el norte de África. Estados Unidos aporta los grandes medios de combate —cazas F-16, helicópteros Apache, carros Abrams, lanzacohetes HIMARS y misiles de precisión—, mientras Israel se ha convertido en su principal proveedor de tecnología para defensa aérea, drones, artillería e inteligencia espacial.
La relación entre los tres países no se limita a una suma de contratos. Incluye intercambio de información, formación de militares, ejercicios conjuntos, apoyo técnico, acceso a tecnología sensible y el desarrollo de una industria de defensa dentro de Marruecos. Washington proporciona la columna vertebral y garantiza la interoperabilidad con sus ejércitos; Israel cubre algunas de las capacidades más avanzadas y facilita que Rabat reduzca su dependencia de las importaciones.
Parte de esa transformación militar se desarrolla en la fachada atlántica africana y tiene como escenario el eje que baja desde Agadir hacia Tan-Tan, Guelmim, El Aaiún y Dajla. Es el mismo espacio geográfico que se abre frente a Canarias. La distancia no convierte al Archipiélago en objetivo ni permite concluir que Marruecos prepare una amenaza contra España, pero sí obliga a prestar atención a un cambio de escala: el vecino situado frente a las Islas dispone ahora de más capacidad para vigilar, localizar objetivos y actuar por tierra, mar y aire.
El pacto de 2020
Estados Unidos y Marruecos mantienen una cooperación militar que comenzó mucho antes de la actual carrera armamentística. Washington designó al reino alauí como aliado principal extra-OTAN en 2004, una condición que facilita el acceso a equipos, formación y programas estadounidenses sin que Marruecos forme parte de la Alianza Atlántica.
El salto decisivo llegó en octubre de 2020, cuando ambos países firmaron una hoja de ruta de cooperación en defensa para el periodo 2020-2030. El acuerdo se planteó para mejorar la interoperabilidad, la preparación conjunta, la lucha antiterrorista y la modernización de las Fuerzas Armadas marroquíes. También abrió más espacio para la industria militar estadounidense y para ejercicios de creciente complejidad.
Trump, soberanía y el Sáhara
Dos meses después, Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat normalizara sus relaciones con Israel. Aquella decisión unió las tres piezas. Marruecos obtuvo el respaldo estadounidense a su principal reivindicación territorial; Israel consiguió una relación oficial con otro país árabe, y Washington afianzó a Rabat como su socio militar más importante en el Magreb. La declaración tripartita se firmó en Rabat el 22 de diciembre de 2020.
La relación diplomática ha vuelto a avanzar esta misma semana. Marruecos e Israel acordaron elevar sus oficinas de enlace al rango de embajadas y nombrar embajadores, una mejora formal que consolida una cooperación que, en el terreno militar, nunca llegó a detenerse pese al genocidio palestino en Gaza y al rechazo que el vínculo con Israel provoca entre una parte de la sociedad marroquí.
Más de 8.500 millones
El último balance público del Departamento de Estado situaba en 8.545 millones de dólares el valor de los casos activos de ventas militares Gobierno a Gobierno —el sistema conocido como FMS— entre Estados Unidos y Marruecos. La cifra convierte al reino en el mayor comprador de material militar estadounidense de África.
No equivale necesariamente al dinero ya pagado ni al valor definitivo de todos los contratos. Las notificaciones que Washington remite al Congreso establecen un importe máximo y pueden acabar ejecutándose por una cantidad inferior. Aun así, permiten medir la magnitud de la modernización marroquí.
El programa más visible es la compra de 25 cazas F-16C/D Block 72, la variante más avanzada del avión fabricado por Lockheed Martin. Estados Unidos autorizó en 2019 una operación valorada en hasta 3.787 millones de dólares. El paquete comprende 23 aparatos monoplaza y dos biplaza, motores, radares de barrido electrónico, sistemas de guerra electrónica, equipos de comunicación segura, designadores de objetivos, entrenamiento, repuestos y apoyo logístico.
En paralelo, Washington dio luz verde a la modernización de los 23 F-16 Block 52+ que Marruecos ya poseía. El programa, estimado en 985,2 millones, pretende acercar esos aviones a la configuración F-16V. Si ambos planes se completan, la Real Fuerza Aérea marroquí dispondrá de cerca de medio centenar de cazas con radares modernos, armamento guiado y capacidad para operar junto a Estados Unidos y otros países de la OTAN.

Misiles para los F-16
Los aviones no llegan solos. En diciembre de 2024, Estados Unidos autorizó la posible venta de misiles aire-aire AIM-120C-8 AMRAAM y equipos asociados por 88,37 millones de dólares. Son proyectiles diseñados para combatir otras aeronaves más allá del alcance visual y están destinados expresamente a la nueva flota de F-16 Block 72.
Aquel mismo mes fue aprobada otra operación por 86 millones para suministrar bombas planeadoras GBU-39B Small Diameter Bomb. Su reducido tamaño permite transportar varias unidades en un solo avión y atacar objetivos fijos con precisión desde decenas de kilómetros.
La lista de armamento aéreo estadounidense incluye además misiles Sidewinder de corto alcance, Maverick para ataques contra objetivos terrestres, bombas guiadas y misiles antibuque Harpoon Block II. Esta última capacidad resulta especialmente relevante en el Atlántico: permite emplear los F-16 contra buques y objetivos costeros.
Apache, Abrams e HIMARS
La modernización también alcanza a las fuerzas terrestres. Marruecos solicitó hasta 36 helicópteros de ataque AH-64E Apache, aunque el contrato inicial se formalizó para 24 aparatos. La autorización estadounidense establecía un techo de 4.250 millones de dólares e incluía radares, sensores, misiles Hellfire, cohetes guiados y equipos de apoyo. Los primeros Apache fueron recibidos en marzo de 2025 en la base aérea de Salé. (Mando de Estados Unidos para África)
A esa capacidad de ataque se suman los carros M1A1 Abrams comprados a Estados Unidos y el programa para incorporar 18 lanzadores de artillería de cohetes HIMARS. Washington autorizó esta última operación en 2023 por un máximo de 524,2 millones de dólares. El paquete incluía munición GMLRS, capaz de alcanzar objetivos situados a varias decenas de kilómetros, y misiles ATACMS, cuyo alcance puede acercarse a los 300 kilómetros.

En marzo de 2024 se añadió una posible venta de 612 misiles anticarro Javelin y 200 puestos de lanzamiento por hasta 260 millones de dólares. Un año después, en abril de 2025, llegó otra autorización: misiles portátiles antiaéreos FIM-92K Stinger Block I por un máximo de 825 millones. (DSCA)
El conjunto da a Marruecos una estructura militar mucho más completa: cazas para controlar el espacio aéreo, Apache y Abrams para el combate terrestre, HIMARS para ataques de largo alcance y Stinger para proteger unidades desplegadas frente a aviones, drones y helicópteros.
African Lion
La relación con Estados Unidos se entrena cada año sobre el terreno. Marruecos es el principal socio de Washington en African Lion, el mayor ejercicio militar liderado por Estados Unidos en África. Lo que comenzó en 2004 como unas maniobras bilaterales se ha convertido en un ensayo multinacional con unidades terrestres, aviación, buques, fuerzas especiales, defensa antiaérea, ciberseguridad y puestos de mando.
African Lion 2026 reunió a más de 5.600 militares y civiles de más de 40 países en Marruecos, Senegal, Ghana y Túnez. Una parte de las maniobras marroquíes se desarrolla habitualmente en Agadir, Tan-Tan, Tifnit, Ben Guerir y otras instalaciones del centro y sur del país.
Para Canarias, Tan-Tan es el punto más significativo. Se encuentra en el litoral atlántico, al este del Archipiélago y cerca del límite septentrional del Sáhara Occidental. El uso de esta zona para ejercicios con fuego real, aviación y operaciones combinadas acerca la actividad militar estadounidense a la franja africana situada frente a las Islas.
No consta, sin embargo, una base permanente de Estados Unidos en Marruecos comparable a Rota o Morón. La relación se apoya en acceso temporal a instalaciones, despliegues para ejercicios, asesoramiento, formación, mantenimiento y venta de sistemas. Esa diferencia es importante: cooperación intensa no significa presencia militar estable.
Israel entra en escena
La segunda pata de la transformación marroquí apareció después de la normalización diplomática de 2020. En noviembre de 2021, el entonces ministro israelí de Defensa, Benny Gantz, viajó a Rabat y firmó un memorando que institucionalizó la cooperación en inteligencia, compras de armamento, formación e industria militar.
Era el primer acuerdo de defensa de ese nivel entre Israel y un país árabe. Desde entonces se han sucedido visitas de altos mandos. El jefe del Ejército israelí viajó a Marruecos en 2022 y el inspector general de las Fuerzas Armadas marroquíes devolvió la visita. Ese mismo año, militares israelíes asistieron como observadores a African Lion. En 2023, una unidad de reconocimiento de la Brigada Golani participó por primera vez de forma activa en las maniobras.
Israel no sustituye a Estados Unidos. Ocupa los huecos tecnológicos en los que su industria posee una posición especialmente fuerte: drones, municiones merodeadoras, radares, defensa antiaérea, guerra electrónica, vigilancia e inteligencia.
El escudo Barak MX
Uno de los contratos más importantes es el sistema Barak MX, desarrollado por Israel Aerospace Industries. La operación, valorada inicialmente en unos 500 millones de dólares, permite a Marruecos construir una defensa antiaérea por capas frente a aviones, helicópteros, drones y determinados tipos de misiles.
Barak MX puede combinar distintos interceptores según la amenaza y el alcance requerido. Su valor no reside sólo en los proyectiles, sino en la red de radares, puestos de mando y sistemas de comunicación que detectan un objetivo, lo identifican y asignan el medio con el que debe ser interceptado.
Las primeras entregas fueron conocidas en 2023 y documentación posterior de la Dirección General de Armamento francesa confirmó que IAI suministró sistemas Barak MX a Marruecos durante 2024. Su ubicación operativa no ha sido divulgada oficialmente, por lo que no resulta riguroso afirmar que estén desplegados en el Sáhara Occidental.
Artillería israelí
Marruecos también se ha inclinado por Elbit Systems para renovar su artillería. La operación más conocida comprende 36 obuses autopropulsados ATMOS 2000 de 155 milímetros. El sistema instala la pieza sobre un camión de gran movilidad, puede entrar en posición, disparar y retirarse con rapidez para evitar el fuego de respuesta.
La decisión supuso además un revés para la empresa francesa KNDS, cuyos obuses Caesar habían presentado problemas técnicos según informaciones publicadas en medios especializados. Marruecos ha mostrado también interés por PULS, el sistema israelí de lanzacohetes de precisión que puede emplear municiones de diferente alcance.
ATMOS y PULS cumplen una función similar a la que Estados Unidos cubre con HIMARS: golpear desde lejos sin exponer las unidades a un combate cercano. La combinación de medios estadounidenses e israelíes mejora la capacidad de Marruecos para concentrar fuego de precisión sobre objetivos situados en profundidad.

Drones fabricados en Marruecos
La relación con Israel ha cruzado ya una frontera que las compras estadounidenses apenas habían traspasado: la fabricación dentro del propio Marruecos.
BlueBird Aero Systems, participada por Israel Aerospace Industries, anunció la creación de una planta marroquí para producir aviones no tripulados. Rabat había encargado alrededor de 150 drones WanderB y ThunderB, destinados a reconocimiento, vigilancia, adquisición de objetivos y corrección del fuego de artillería. Parte de ellos debía fabricarse en territorio marroquí.
El proyecto contempla transferencia gradual de tecnología y formación de técnicos locales por ingenieros israelíes. La munición merodeadora SpyX —un dron que localiza el objetivo y se destruye al atacarlo— también figura entre los sistemas adquiridos y susceptibles de producción local, aunque la empresa no ha hecho públicos ni el coste ni el volumen industrial definitivo.
La diferencia es sustancial. Comprar drones permite utilizarlos; producirlos facilita reponerlos, modificarlos de acuerdo con las necesidades del Ejército y, en el futuro, exportarlos. Marruecos pretende construir así una base industrial propia y convertirse en proveedor militar para otros países africanos.
Satélite de 1.000 millones
La operación más ambiciosa conocida entre Rabat y la industria israelí no se encuentra en tierra, sino en el espacio. En julio de 2024, Israel Aerospace Industries comunicó a la Bolsa de Tel Aviv un contrato de 1.000 millones de dólares para suministrar uno de sus sistemas a un cliente extranjero durante cinco años.
IAI no reveló públicamente la identidad del comprador, pero medios marroquíes e israelíes lo identificaron como Marruecos y señalaron que el acuerdo correspondía a un satélite de reconocimiento de la familia Ofek. El aparato sustituiría a los dos satélites Mohammed VI-A y Mohammed VI-B, construidos por Airbus y Thales.
Un satélite de observación militar permite vigilar grandes extensiones, seguir movimientos, actualizar mapas, estudiar instalaciones y obtener coordenadas para otros sistemas de armas. Aplicado al entorno atlántico y al Sáhara Occidental, proporcionaría a Rabat una capacidad autónoma de inteligencia muy superior a la que tenía al comienzo de la década.
El Sáhara como trasfondo
Aunque Estados Unidos y Marruecos presentan su cooperación como un instrumento contra el terrorismo y a favor de la estabilidad regional, el Sáhara Occidental atraviesa buena parte de la modernización militar marroquí.
El alto el fuego con el Frente Polisario se rompió en noviembre de 2020. Desde entonces, el conflicto se mantiene a baja intensidad, con ataques contra posiciones marroquíes y operaciones con drones al este del muro levantado por Rabat. Marruecos necesita vigilar una superficie enorme, localizar movimientos en el desierto y atacar sin movilizar grandes columnas terrestres. Los drones, satélites, radares, artillería de largo alcance y municiones guiadas encajan en ese escenario.

Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio, pero Naciones Unidas continúa considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo pendiente de descolonización. España, potencia administradora de iure según la consideración de la ONU, respaldó en 2022 la propuesta marroquí de autonomía como la opción "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto.
Qué significa para Canarias
La importancia para Canarias no se mide únicamente por el alcance máximo de un misil. El cambio más profundo es la capacidad de Marruecos para integrar información y medios: un satélite o un dron detecta; un radar confirma; un centro de mando distribuye los datos, y un caza, un helicóptero o una batería de artillería ejecuta la misión.
El Archipiélago queda junto a una fachada atlántica en la que coinciden las rutas marítimas, el control del espacio aéreo, las aguas en disputa, el conflicto del Sáhara y las aspiraciones de Marruecos a convertirse en potencia regional. A esa realidad se suma la delimitación aún pendiente de determinados espacios marítimos entre España y Marruecos, especialmente en las aguas próximas a Canarias y al Sáhara Occidental.
Eso no permite presentar cada compra marroquí como una amenaza dirigida contra las Islas. Marruecos y España cooperan en inmigración, terrorismo, comercio y seguridad; ambos mantienen además vínculos estrechos con Estados Unidos. Pero tampoco parece razonable analizar este rearme como si ocurriera en un lugar remoto.
Los F-16, Apache, HIMARS, Barak MX, drones, satélites y nuevas fábricas no son proyectos aislados. Forman una arquitectura militar que conecta a Marruecos con las dos industrias de defensa más avanzadas a las que tiene acceso. Estados Unidos le proporciona masa, formación e interoperabilidad. Israel añade tecnología, inteligencia y capacidad industrial. Y Canarias observa esa transformación desde la orilla europea más próxima.
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