Territorio bajo control del Frente Polisario. / ARCHIVO
Territorio bajo control del Frente Polisario. / ARCHIVO

¿Qué pasa en el Sáhara? EEUU presiona, Argelia mueve ficha y Canarias mira de reojo

El avance de Marruecos y los cambios en Tinduf reconfiguran un conflicto clave para el Archipiélago

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Martín Alonso

El conflicto del Sáhara Occidental ha dejado de estar congelado. Tras décadas de estancamiento, las negociaciones impulsadas por Estados Unidos han abierto un nuevo escenario en el que, por primera vez en años, todos los actores relevantes —Marruecos, Argelia y el Frente Polisario— están moviendo posiciones, aunque sea con cautela. Para Canarias, a apenas un centenar de kilómetros de la costa africana, este proceso no es ajeno: su desenlace tendrá impacto directo en la seguridad, la migración y las relaciones económicas del Archipiélago.

Uno de los movimientos más significativos procede de Argelia. En el marco de contactos diplomáticos recientes, ha trascendido que Argel ha planteado la posibilidad de cerrar los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, donde viven desde hace casi medio siglo decenas de miles de personas, y estudiar su traslado a zonas del Sáhara bajo control del Polisario. Aunque no se trata de una propuesta formalizada ni aceptada, el mero hecho de que se contemple refleja un cambio de fondo: Argelia ya no solo sostiene el statu quo, empieza a explorar escenarios de salida.

Gesto de gran valor

El valor estratégico de ese gesto es profundo. Los campamentos de Tinduf no son solo un espacio humanitario, sino el pilar político y simbólico del Polisario. Su eventual desmantelamiento implicaría alterar el equilibrio del conflicto tal y como se ha mantenido desde los años setenta, trasladando el foco desde territorio argelino a suelo saharaui. En términos prácticos, supondría también una presión directa sobre el Polisario, que tendría que asumir nuevas responsabilidades sobre población civil en una zona con enormes limitaciones logísticas y de infraestructuras.

El delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi / EFE - ÁNGEL MEDINA G.
El delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi / EFE - ÁNGEL MEDINA G.

Este movimiento encaja en una dinámica más amplia liderada por Washington. Estados Unidos busca forzar una solución en un plazo más corto del habitual en este conflicto, en un contexto marcado por la competencia geopolítica en África y la inestabilidad creciente en el Sahel. Para ello, ha reforzado una línea clara: la propuesta de autonomía del Sáhara dentro de Marruecos como base de negociación.

Respaldo internacional a Marruecos

Marruecos llega a este nuevo ciclo en una posición de fuerza. Su plan de autonomía, que descarta el referéndum de independencia, ha ido ganando respaldo internacional en los últimos años. Rabat no contempla una salida que no pase por su soberanía sobre el territorio, y ese planteamiento se ha consolidado como la opción más viable para parte de la comunidad internacional.

El Polisario, por su parte, mantiene su reivindicación del derecho de autodeterminación, pero ha mostrado signos de cierta flexibilidad en el discurso. La falta de avances, el desgaste en los campamentos y la presión diplomática han llevado a la organización a abrirse a debatir distintos escenarios, aunque sin renunciar públicamente a su línea histórica.

Partidarios del Frente Polisario en el Sáhara. / EFE
Partidarios del Frente Polisario en el Sáhara. / EFE

En este contexto, el papel de la ONU queda relegado. La misión de la MINURSO sigue desplegada, pero con funciones limitadas y sin capacidad real para desbloquear el conflicto. El protagonismo ha pasado a un formato de negociación más directo entre las partes con mediación estadounidense, lo que refleja un cambio de paradigma respecto a décadas anteriores.

Ruta migratoria

Para Canarias, el desenlace de este proceso es estratégico. La estabilidad o inestabilidad del Sáhara influye directamente en la ruta migratoria atlántica, en la cooperación económica con el noroeste africano y en la seguridad regional. Además, el vínculo histórico con la población saharaui —tejido a través de instituciones, asociaciones y programas de acogida— convierte este conflicto en una cuestión especialmente sensible en la sociedad canaria.

El escenario que se dibuja hoy apunta a una solución intermedia. La hipótesis más plausible pasa por una autonomía reforzada del Sáhara dentro de Marruecos, acompañada de garantías políticas e institucionales para la población saharaui, aunque los detalles y el grado de aceptación siguen siendo inciertos.

Nada está cerrado. Las posiciones siguen siendo distantes y la desconfianza acumulada durante décadas pesa sobre cualquier negociación. Pero hay un elemento nuevo que marca la diferencia: todos los actores relevantes están, de una u otra forma, moviéndoseY cuando el Sáhara se mueve, Canarias no solo observa: se juega parte de su futuro inmediato.