La práctica deportiva forma parte de la rutina de miles de niños y adolescentes. Fútbol, baloncesto, natación, atletismo o gimnasia son solo algunas de las disciplinas que cada vez atraen a más jóvenes. Y, junto a ese crecimiento, también aumenta el interés por cuidar un aspecto fundamental: la salud cardiovascular.
La mayoría de los menores están perfectamente preparados para hacer deporte sin limitaciones. Sin embargo, hay que advertir que algunas enfermedades cardíacas, muchas veces congénitas o hereditarias, pueden pasar desapercibidas durante años.
Revisiones periódicas
“La mayoría de los niños pueden practicar deporte sin ninguna limitación, pero hay determinadas enfermedades cardíacas que pueden permanecer ocultas durante mucho tiempo. Una valoración adecuada nos ayuda a asegurarnos de que realizan actividad física con seguridad”, explica la doctora Katarzyna Polak, cardióloga pediátrica y responsable de la Unidad de Reconocimiento Cardiológico Deportivo Infantil del Hospital Quirónsaud Tenerife.
Lejos de generar preocupación, el objetivo de estas revisiones es ofrecer confianza a las familias y detectar de forma precoz aquellos casos que requieren un seguimiento más específico. “No se trata de hacer estudios complejos a todos los niños, sino de identificar qué deportistas pueden beneficiarse de una evaluación más detallada según sus antecedentes, síntomas o nivel de exigencia deportiva”, añade la especialista.
Una valoración adaptada a cada deportista
No todos los niños practican el mismo deporte ni tienen las mismas necesidades. Por eso, la evaluación cardiovascular se realiza de forma individualizada y tiene en cuenta tanto el tipo de actividad física como la intensidad de los entrenamientos.
La consulta comienza con una entrevista clínica detallada para conocer los antecedentes personales y familiares, los hábitos deportivos y cualquier circunstancia que pueda resultar relevante. Después se lleva a cabo una exploración física completa y una valoración inicial del funcionamiento cardíaco.
Cada caso, una mirada personalizada
Una buena historia clínica sigue siendo una de las herramientas más valiosas en este tipo de consultas. A partir de esa información se determina si es necesario ampliar el estudio.
“Cada niño es diferente. No valoramos igual a un adolescente que entrena varias veces por semana para competir que a otro que practica deporte de forma recreativa. La evaluación siempre debe adaptarse a cada caso”, señala la doctora Polak.
También se tienen en cuenta factores como la carga de entrenamiento o el nivel de exigencia de la disciplina deportiva. Y cuando la situación lo requiere, la valoración puede completarse “con otras exploraciones que permiten conocer con más detalle la estructura y el funcionamiento del corazón”.
Prevención como garantía de tranquilidad
Uno de los principales objetivos de estas unidades es identificar de forma temprana posibles alteraciones cardíacas que no siempre producen síntomas evidentes. Detectarlas a tiempo permite ofrecer recomendaciones personalizadas y, cuando es necesario, adaptar la actividad física a las características de cada paciente.
“Mucha gente piensa que, si un niño se encuentra bien, no puede existir ningún problema cardíaco. Sin embargo, algunas patologías pueden no dar señales claras durante años. Precisamente por eso la prevención tiene un papel tan importante”, afirma la cardióloga pediátrica.
Además de la detección precoz, los resultados de estas revisiones confirman que todo está dentro de la normalidad.
Señales que conviene consultar
Aunque la mayoría de los síntomas relacionados con la práctica deportiva tienen una explicación benigna, existen algunas situaciones que justifican una valoración médica.
Entre ellas se encuentran los mareos o desmayos durante el ejercicio, el dolor torácico asociado al esfuerzo, las palpitaciones intensas o prolongadas, la dificultad para respirar de forma desproporcionada o una disminución llamativa del rendimiento deportivo.
“La aparición de estos síntomas no significa necesariamente que exista una enfermedad cardíaca, pero sí son señales que merece la pena estudiar para descartar problemas importantes y ofrecer tranquilidad a las familias”, reclaca Polak.
La especialista también insiste en la importancia de prestar atención a los antecedentes familiares de enfermedades cardíacas hereditarias, alteraciones del ritmo cardíaco o episodios ocurridos a edades tempranas.
Aportar tranquilidad
Uno de los mensajes que más repiten los especialistas es que las consultas de cardiología deportiva infantil no están pensadas para restringir la práctica deportiva, sino para facilitarla en las mejores condiciones posibles.
"La inmensa mayoría de las revisiones terminan confirmando que el corazón está sano. Esa es una noticia muy positiva porque aporta tranquilidad a las familias y permite que los niños continúen disfrutando del deporte con confianza", destaca la doctora Polak.
Las recomendaciones sobre la frecuencia de las revisiones dependerán de cada situación, aunque suele aconsejarse una evaluación inicial antes de comenzar deporte competitivo y revisiones periódicas cuando existe una práctica deportiva intensa o cambios importantes en la carga de entrenamiento.
El deporte, herramienta de salud
Los beneficios de la actividad física durante la infancia y la adolescencia están ampliamente demostrados. El deporte favorece el desarrollo físico, fortalece la salud cardiovascular, mejora el bienestar emocional y fomenta hábitos saludables que suelen mantenerse durante la edad adulta.
Por eso, el mensaje final de los especialistas no deja lugar a dudas: practicar deporte sigue siendo una de las mejores decisiones para la salud de los más jóvenes.
"Nuestro trabajo no consiste en apartar a los niños del deporte, sino en ayudarles a practicarlo de la forma más segura posible. El ejercicio físico sigue siendo uno de los mejores hábitos que podemos fomentar desde edades tempranas", concluye la doctora Katarzyna Polak.