Ruido, mucho ruido. Paredes que vibran por el efecto de una hormigonera justo en la puerta del negocio. Además, la tierra y el polvo obligan a estar todo el rato con el escobillón o el plumero en la mano.
Miguelina De La Rosa lleva tres años conviviendo con una obra que, según denuncia, ha cambiado por completo el día a día de sus negocios en Santa Cruz de Tenerife, concretamente en la Rambla de Pulido.
Una obra interminable
El meollo del asunto se encuentra en la reforma de dos edificios de esta transitada vía capitalina, una obra que comenzó hace algo más de tres años y que obligó a cerrar el paso por la acera en el tramo afectado. Este cierre impide el paso de los peatones y, por consiguiente, sentencia a los comercios que han padecido el daño en sus cajas.
Miguelina es la máxima responsable de tres comercios que se muestran al público bajo el nombre de Cristi: uno de los comercios trabaja el ramo de la decoración, otro el de mobiliario y textil, y un tercero es una joyería. Debido a las repercusiones de la obra, ya ha echado el cierre en el de textil. “Los otros dos aguantan como pueden”, comenta a Atlántico Hoy.
Molestias
La empresaria asegura que el polvo, el ruido y la falta de información han terminado por convertir la actividad comercial en una carrera de resistencia.
La afectación no se limita a una sola tienda. De la Rosa explica que la suciedad y las molestias alcanzan a todos los comercios de la acera porque, si bien a muchos "no les afecta la suciedad y el ruido, sí que les perjudica que casi nadie pase por delante de sus establecimientos". Además,la situación también ha repercutido en la jornada laboral de los trabajadore hasta el punto que, dice, "en distintos momentos he llegado a tener a varias de baja".
Tres años de espera
“Llevamos aguantando tres años”, viene a resumir la comerciante durante la conversación en la que insiste en que la obra se ha alargado sin explicaciones claras para quienes la padecen a diario. Según relata, nunca se colocaron los carteles informativos que, a su juicio, debían haber estado desde el principio, y tampoco ha recibido noticias directas del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.
De la Rosa asegura que la primera vez que alzó la voz fue después de sentirse desbordada por la situación, cuando decidió denunciar públicamente lo que estaba pasando. A partir de ahí, apunta, empezaron a moverse distintas personas, aunque insiste en que nadie se ha dirigido a ella de manera formal para darle una solución o una explicación.
Pérdidas y desgaste
La empresaria reconoce que no ha calculado todavía las pérdidas exactas, pero sostiene que el daño está ahí y que se nota en el día a día. En la tienda que ya ha cerrado, la de muebles y textil, afirma, el polvo ha afectado a materiales tapizados y a productos que ahora teme tener que vender a precios muy inferiores a los habituales.
En la joyería, indica, el problema es distinto, porque las piezas pueden limpiarse, pero el desgaste general continúa . El ruido también está dejando huella, sobre todo en la salud del sistema nervioso porque, explica, “en la joyería hay momentos en que resulta imposible estar o mantener una conversación normal con la clientela”.
Una queja sin respuesta
De la Rosa cuenta que no ha recibido llamadas ni del Ayuntamiento capitalino ni de los responsables políticos, y que tampoco espera ya una compensación por la vía administrativa. La posibilidad de reclamar daños y perjuicios, asegura, la descarta por el coste económico y por la sensación de que el proceso sería largo y poco útil para ella. “No voy a estar cogiendo más nervios porque, al final, todos sabemos quién gana”, matiza.
La comerciante habla también del impacto emocional y físico que esta situación está teniendo sobre su entorno laboral. Menciona empleados de baja y problemas de salud que, al menos en uno de los casos, no lo vincula de forma directa con la obra, aunque sí con la dificultad de trabajar en un ambiente tan complicado.
Entre el polvo y la resignación
La sensación que deja el testimonio de Miguelina es la de una resignación forzada. No parece esperar ya una solución inmediata, sino simplemente que la obra termine para poder recuperar algo de normalidad .
Mientras tanto, dice, la única salida pasa por "resistir, limpiar, aguantar y seguir adelante como se pueda".