Hay dos Santa Cruz que conviven en la misma ciudad. Una es la que ya tiene su TEA, su Auditorio, su Palmetum: solares que hace medio siglo eran barrios humildes o descampados y hoy son referencia cultural.
La otra parte es la que sigue esperando: quioscos cerrados desde hace años en pleno centro, o un barrio, Cabo Llanos, que lleva prometiéndose a sí mismo convertirse en "la nueva city" desde los años 50 sin acabar de conseguirlo del todo. Ese contraste no es casualidad ni un simple problema de presupuesto.
Según ha asegurado a Atlántico Hoy la investigadora de la ULL Carmen Milagros González Chávez, que lleva años estudiando la transformación urbana de la capital tinerfeña, Santa Cruz ha ido regenerándose por impulsos, no por plan de conjunto: proyectos que arrancan con ambición, se paralizan por falta de recursos, e incluso, en ocasiones resucitan décadas después con otro nombre.
El sueño que nunca acabó de cumplirse
Desde mediados del siglo pasado, Cabo-Llanos era señalado como el lugar idóneo para levantar la "nueva city" de Santa Cruz. Sucesivos planes y proyectos, algunos firmados por arquitectos de fama internacional, perseguían poner a la capital "a la altura de grandes capitales europeas".
Pero esos proyectos chocaron una y otra vez con la misma pared: la incapacidad económica del Ayuntamiento capitalino para afrontar obras de esa envergadura, y la desviación de recursos hacia otra zona de la ciudad.
La prensa de la época lo resumía así: "Desbloquear la zona de Cabo-Llanos e iniciar la expansión hacia el sur", titulaba El Día en julio de 1983 y no fue hasta enero de 1990 cuando Diario de Avisos pudo anunciar: "Santa Cruz crece, por fin, hacia Cabo-Llanos".
Aun así, "crecer" no siempre significó lo mismo para todos. El barrio de El Cabo, que ocupaba parte de ese suelo, fue completamente desmantelado entre 1963 y 2022 para dar paso, entre otras cosas, al TEA. Atlántico Hoy ya contó esa historia en detalle, incluyendo el desplazamiento de 800 familias de El Cabo y Los Llanos que nunca fueron realojadas donde se les prometió.

Cultura sobre "solares vacíos"
Frente a los proyectos bloqueados, hay otros que sí llegaron a buen puerto, casi siempre con la cultura como excusa para regenerar suelo degradado. El propio Tenerife Espacio de las Artes (TEA) es uno de ellos. Otro caso llamativo fue El Tanque, una antigua fábrica de gas reconvertida en espacio cultural y descrita como "un hito arqueológico con vocación regeneradora" para la ciudad.
Estos casos comparten un patrón: solares o edificios industriales en desuso, situados en puntos estratégicos de la ciudad, que encuentran en un equipamiento cultural la fórmula para justificar su transformación, una misma lógica que sostuvo el desmantelamiento de El Cabo, y que hoy vuelve a repetirse con el proyecto para el resto de Cabo Llanos.
El inicio de Santa Cruz Verde 2030
El intento más reciente de terminar lo que empezó a plantearse en los años 70 se llama Santa Cruz Verde 2030, un acuerdo anunciado en 2018 entre el Ayuntamiento y Cepsa sobre los terrenos de la antigua refinería.
En diciembre de 2023, el entonces responsable municipal del área, Carlos Tarife (PP), lo definía como "la mayor operación de este calibre en España". Este proyecto prevé que el suelo público ocupe el 67% de la superficie (un 41% para zonas verdes, un 10% para dotaciones y un 16% para otros fines), mientras que el 33% restante se destinaría a hoteles, equipamientos privados y alquiler residencial.
Pero de puertas para adentro, entre quienes estudian la renovación de la ciudad hay bastante menos certeza. Carmen Milagros González resume así el estado del proyecto a Atlántico Hoy: "Es un proyecto que nadie conoce, del que ya hay vídeos subidos, y si tú lees a especialistas, geógrafos y demás, no va para adelante".
La propia administración parece darle la razón. En diciembre de 2024, el Gobierno de Canarias tuvo que recurrir a un mecanismo excepcional —el artículo 168 de la Ley del Suelo canaria— para suspender el planeamiento vigente en la zona de la refinería y, en palabras del portavoz del Ejecutivo, Alfonso Cabello, "desbloquear definitivamente" un proyecto que llevaba años sin moverse.
Mientras tanto, la refinería sigue su desmantelamiento: su actividad de almacenamiento y suministro se está trasladando al puerto de Granadilla.

Riesgo de mayor gentrificación
Entre los especialistas que han estudiando esta regeneración de la capitatinerfeña se encuentra el geógrafo alemán Marcus Hübscher, que ha estudiado la evolución de Cabo Llanos desde 2014. Según sus cálculos, el proyecto podría añadir en torno a 1.300 nuevas plazas turísticas (un 88% más que las actuales) sobre los 576.000 metros cuadrados que ocupaba la refinería, cuya propiedad ha ido cambiando de manos.
Por otro lado, la Asociación de Vecinos Los Llanos lleva años denunciando "incumplimientos urbanísticos" del planeamiento vigente desde 1992, y critica que infraestructuras como el Auditorio Adán Martín o el Recinto Ferial "se diseñaron exclusivamente para un público objetivo regional o incluso internacional", desatendiendo las necesidades del propio vecindario.
Esta preocupación por la gentrificación no es ninguna novedad: ya en 2007 se documentó un proceso de desplazamiento vecinal ligado al turismo en la zona de Cabo-Los Llanos, y en 2013 se profundizó en un proceso de "elitización" de la vivienda en la misma zona.
Hübscher aplicó en 2018 un análisis estadístico por barrios alrededor de la refinería y llegó a una conclusión inquietante: El Cabo y Los Llanos, al tener menor vulnerabilidad social pero mayor proporción de inquilinos, podrían sufrir una "súper-gentrificación", ya que el proceso se repite sobre una zona que ya se gentrificó una vez.

Falta de información
En el verano de 2019, Hübscher entrevistó a cinco actores locales (inmobiliario, política municipal, urbanismo y una asociación ecologista) sobre cómo vivían el proceso, anunciado en junio de 2018. Uno de ellos, de la asociación ecologista, lo resumió así: "quienes podríamos haber sido críticos no tuvimos suficiente información para serlo". Esta declaración solo demostraba la falta de transparencia sobre las actuaciones de este proyecto de regeneración.
Siete años después, el diagnóstico apenas ha cambiado. El desmantelamiento físico arrancó en 2022, pero en junio de 2026 el propio alcalde de la capital tinerfeña, José Manuel Bermúdez, reconoció un "importante retraso".
El Ayuntamiento de Granadilla aún no ha dado las licencias necesarias para trasladar allí el almacenamiento de combustible, paso previo para liberar el suelo de Santa Cruz. El proceso participativo que el Gobierno de Canarias prometió para enero de 2025 tampoco ha dado señales de haber arrancado.
¿Y qué ocurre en el resto de la ciudad?
No todo pasa en el litoral capitalino. En el interior de la ciudad, la regeneración avanza a un ritmo muy distinto y, en algunos casos, no avanza en absoluto. Uno de los casos más claros es que gran parte de los quioscos históricos de Santa Cruz llevan años cerrados, según pudo documentar Atlántico Hoy en otra investigación.
En el otro extremo de la ciudad, en el término municipal colindante con El Rosario, avanza un tipo de regeneración distinto: el Proyecto de Interés Insular "El Chorrillo Industrial", del Cabildo de Tenerife, con una inversión de 12,6 millones de euros para ordenar suelo industrial junto al Polígono de San Isidro.
A diferencia de Cabo Llanos, aquí no hay barrio que desmantelar ni vecinos que reubicar: es una pieza distinta del mismo rompecabezas, la de una ciudad que crece por partes y a ritmos que casi nunca coinciden.
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