La calidad del aire en Canarias depende de una mezcla de factores. La calima es la protagonista principal de las Islas a la que se suma el tráfico y el calor, que con las partículas en suspensión, la contaminación y la inverisón térmica dificultan que el aire se limpie de forma natural.
Así lo recoge un estudio publicado en la revista científica Atmospheric Environment: X y elaborado por los investigadores Jordan Correa y Pedro Dorta Antequera, de la Universidad de La Laguna.
15 años del aire de Canarias
El trabajo analiza la evolución de la calidad del aire en Canarias entre 2009 y 2024 a partir de datos horarios de 76 estaciones de la Red Canaria de Control y Vigilancia de la Calidad del Aire y observaciones meteorológicas de 22 estaciones.
La investigación estudia de forma simultánea cinco contaminantes: PM10, PM2,5, SO2, NO2 y O3. Su objetivo es entender cómo influyen tanto las emisiones humanas como las condiciones geográficas y meteorológicas propias del Archipiélago.
La calima, el gran factor
El polvo sahariano es el elemento que más altera la calidad del aire en las Islas. Durante los episodios de calima, las partículas PM10 y PM2,5 aumentan de forma notable, sobre todo en invierno, cuando el polvo suele desplazarse a menor altura y afecta de manera más directa a la población.
Estas partículas no solo reducen la visibilidad o dejan el ambiente cargado. También tienen impacto sobre la salud, ya que pueden entrar en las vías respiratorias. Incluso, las PM2,5, al ser más pequeñas, pueden penetrar con mayor facilidad en el organismo, por lo que se tienen en cuenta en términos sanitarios.
¿Es aceptable el aire?
A pesar de ello, la investigación no dibuja un panorama alarmista. De hecho, apunta a que Canarias mantiene, en general, una calidad del aire relativamente aceptable en comparación con otras zonas urbanas o industriales.
La diferencia está en que el Archipiélago tiene una exposición muy particular al polvo sahariano por su cercanía geográfica al continente africano, por lo que la calidad del aire puede cambiar de forma rápida según estos episodios de calima, a los que se suman otros factores.
El tráfico en las capitales
El foco se pone también en el tráfico. El estudio apunta que el NO2, un contaminante muy vinculado al uso del vehículo, ha bajado un 27% desde 2009, lo que se puede dislumbrar como una mejora del aire.
Aún así, no puede celebrarse del todo, ya que siguen registrándose picos localizados de contaminación en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, especialmente en las horas de mayor movimiento de vehículos, como la mañana y el final de la tarde. Es decir, aunque el problema no sea generalizado, el coche continúa dejando huella en las capitales.

La dependencia del coche
Los autores relacionan esta situación con el modelo de movilidad de Canarias, marcado por la alta dependencia del vehículo privado, la dispersión urbana y los desplazamientos diarios en coche.
En este contexto, el estudio recuerda que medidas como las zonas de bajas emisiones, la mejora del transporte público o la reducción de la congestión pueden ayudar a limitar la contaminación vinculada al tráfico, especialmente en las áreas urbanas más expuestas.
Menos contaminación industrial
No todos los contaminantes evolucionan igual. El SO2, asociado a determinadas emisiones industriales, ha caído un 51% desde 2009. El estudio vincula esta bajada a la reducción de grandes focos contaminantes en las Islas, como el cierre de instalaciones industriales relevantes en Tenerife.
Aunque, todo tiene un pero, y, en este caso, la investigación recuerda que puertos, centrales térmicas y algunas actividades industriales siguen siendo fuentes locales que pueden influir en la calidad del aire de zonas concretas.
Calor e inversión térmica
El calor añade otro factor de riesgo. Según el estudio, los periodos de altas temperaturas y baja humedad pueden aumentar la exposición simultánea a varios contaminantes, especialmente si coinciden con calima o con poca ventilación atmosférica.
También influye la inversión térmica, un fenómeno habitual en Canarias que puede actuar como una especie de tapa en la atmósfera. Cuando esa capa está más baja, el aire se mezcla peor y los contaminantes tienen más dificultad para dispersarse cerca de la superficie.
El ozono se mantiene bajo
El estudio también analiza el ozono troposférico, conocido como O3. En este caso, los niveles se mantienen bajos en Canarias y dependen en gran medida de factores meteorológicos como los vientos alisios y la propia inversión térmica.
Esto refuerza una de las principales conclusiones del trabajo. La calidad del aire en Canarias no puede explicarse solo por las emisiones humanas. La cercanía al Sáhara, los vientos, la temperatura, la humedad y la altura de las masas de aire tienen un papel decisivo.
Un reto con varios ingredientes
La investigación concluye que el aire en Canarias responde a un equilibrio complejo. La calima es el factor que más dispara las partículas, el tráfico sigue generando picos en las capitales y el calor puede agravar la exposición de la población cuando coincide con baja humedad y mala dispersión del aire.
Por eso, el reto es doble que pasa por mejorar la respuesta ante episodios naturales como las intrusiones de polvo sahariano y reducir las emisiones que sí dependen de la actividad humana, en especial las vinculadas al transporte y a focos locales de contaminación.
