El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que instruye el caso del hundimiento del buque gallego Villa de Pitanxo en febrero de 2022 frente a las costas de Terranova (Canadá), ha ordenado la apertura de juicio oral contra el capitán del buque, Juan Padín, y dos directivos de Pesquerías Nores, armador del barco, José Antonio Nores Rodríguez (administrador) y José Antonio Nores Ortega (director de flota). En el naufragio fallecieron 21 de los 24 tripulantes, entre ellos el biólogo canario Manuel Navarro, cuyo cuerpo nunca fue recuperado.
Así lo ha comunicado este jueves la portavoz de los familiares de las víctimas, María José de Pazo, que ha declarado que están "satisfechos" con el auto de apertura del juicio. Los presuntos delitos enjuiciados son homicidio por imprudencia grave y lesiones imprudentes, en concurso ideal con otro delito contra los derechos de los trabajadores. El auto señala como responsable civil subsidiario del naufragio al armador Pesquerías Nores Marín y a la entidad aseguradora British Marine Luxembourg como responsable civil directo.
El juez Moreno les ha requerido, además, que depositen 44 millones de euros como fianza para garantizar las responsabilidades pecuniarias que se les pudieran imponer. También reclama a Pesquerías Nores que preste la misma cantidad de forma solidaria con los tres acusados, así como a British Marine Luxembourg S.A.
El informe clave de la CIAIM
En octubre de 2025, la Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAIM) emitió, a petición de la Audiencia Nacional, un informe demoledor contra Padín y Nores, que concluía que el Villa de Pitanxo navegaba "sobrecargado" y que el capitán realizó una "valoración insuficiente o inadecuada" de la situación en los momentos decisivos, dando la orden de abandono "demasiado tarde". Según la CIAIM, esa demora fue determinante en el elevado número de víctimas, pues "apenas hubo tiempo material" para que los marineros alcanzaran las balsas y se colocaran los trajes de inmersión.
El informe situó el origen del desastre en la "inundación progresiva e incontrolada de los espacios interiores" durante la recogida de las redes de pesca en medio de un temporal severo, con olas de hasta diez metros y vientos de 40 nudos. El agua, según las conclusiones, comenzó a entrar por la tolva de desperdicios del parque de pesca, avanzando después hacia los entrepuentes de carga y, finalmente, a la cámara de máquinas.
Modificaciones no autorizadas
De haber mantenido la estanqueidad del casco, el Pitanxo probablemente no se hubiera hundido. Pero el sobrepeso y las modificaciones no autorizadas en su estructura —como la instalación de tanques adicionales de combustible— comprometieron su estabilidad. “La sobrecarga supuso, además, un incumplimiento de los criterios de estabilidad reglamentarios”, señalaron los investigadores de la CIAIM.
Los expertos constataron que esa sobrecarga era habitual en el Pitanxo, algo visible en múltiples fotografías previas al accidente. Ni Juan Padín ni Pesquerías Nores controlaron este exceso, ni supervisaron las condiciones de seguridad. La falta de procedimientos consolidados, la alta rotación de tripulantes —diez de ellos eran nuevos a bordo— y el cansancio acumulado tras largas jornadas de trabajo configuraron un entorno laboral frágil e inseguro. La CIAIM advirtió, además, que varios marineros padecían COVID-19 en el momento del naufragio, lo que pudo afectar a sus capacidades cognitivas y de reacción.
En la última fase de la maniobra, con el buque muy escorado a babor, el capitán decidió retomar la navegación, una orden que, según el informe de la CIAIM, "hizo empeorar la situación a bordo". La inundación progresiva terminó causando un fallo en el motor principal.
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