Los problemas de matemáticas no se resuelven con un cambio de curso. Tampoco las dificultades para comprender lo que se lee desaparecen al cruzar por primera vez la puerta de un instituto. Sin embargo, los apoyos educativos no siempre hacen ese viaje con el alumno. Evitar esas interrupciones y ofrecer una enseñanza más personalizada fueron dos de las prioridades identificadas este lunes en las mesas de trabajo de PISAr a Fondo. De los datos a la acción, la jornada organizada por Atlántico Hoy en Las Palmas de Gran Canaria para buscar respuestas a las dificultades del sistema educativo canario.
Después de una mañana dedicada a examinar con docentes y agentes educativos los resultados de PISA, las evaluaciones de diagnóstico y distintas experiencias educativas, llegó el momento de pasar de las ideas y los números a las posibles soluciones. Profesionales de la enseñanza y representantes de otros ámbitos se desempeñaron sobre cuatro asuntos en mesas de trabajo: las competencias básicas, el bienestar emocional, las desigualdades socioeducativas y las nuevas tecnologías.
Las recomendaciones incluyen tutorías de refuerzo en grupos pequeños, incluso fuera del horario escolar; especialistas que acompañen a los estudiantes durante distintas etapas educativas; más atención a la lectura desde los primeros años y una mejor coordinación entre docentes. Se trata de medidas sometidas a debate, no de actuaciones aprobadas. Su eventual aplicación dependerá de que las administraciones y entidades implicadas estudien su viabilidad.
Recursos a medida
Un centro educativo no es igual a otro. Ni por las características de su alumnado ni por las dificultades que afronta. Las mesas defendieron que esa diferencia debería reflejarse en el reparto de los recursos, en lugar de aplicar soluciones idénticas a realidades que no lo son.
Adaptar las ratios a las necesidades de cada grupo, incorporar más auxiliares técnicos educativos y profesionales de integración social y reservar horas del profesorado para tareas de refuerzo figuran entre las recomendaciones. También se puso el acento en la estabilidad de las plantillas: resulta difícil consolidar un proyecto educativo si los equipos docentes cambian continuamente.
La formación del profesorado tampoco quedó fuera del análisis. Las conclusiones apuntan a revisar tanto la preparación inicial como la permanente, favorecer la docencia compartida y comprobar si lo aprendido en los cursos termina por llegar a las aulas. Acumular horas de formación no garantiza, por sí solo, una mejora de la enseñanza.
Salud emocional
Las dificultades de un estudiante no siempre aparecen reflejadas en sus calificaciones. La salud mental y el bienestar emocional ocuparon otra de las mesas, donde surgió una pregunta de fondo: ¿hasta dónde puede llegar un profesor cuando el problema que tiene delante requiere conocimientos especializados?
La respuesta que se dibujó durante el debate pasa por no dejarlo solo. Los participantes recomendaron mejorar la formación para identificar dificultades emocionales, pero también establecer una relación más estrecha con profesionales de psicología, sanidad, servicios sociales y atención a menores. Para que esa coordinación sea efectiva, consideraron necesario reservar tiempo de trabajo conjunto y habilitar espacios de escucha y acompañamiento al profesorado.
Tampoco bastaría con una intervención puntual. La mesa aconsejó mantener estas actuaciones durante al menos dos cursos escolares y medir sus efectos sobre la convivencia, las dificultades emocionales del alumnado, la desmotivación docente y las bajas laborales. El bienestar de quienes enseñan también formó parte de la discusión.
Fuera del colegio
La educación no termina cuando suena el timbre de salida. Las circunstancias familiares, las condiciones sociales y los recursos del barrio también influyen en las oportunidades de aprendizaje. Por eso, otra de las mesas recomendó estrechar la relación entre los centros educativos y su entorno.
El acompañamiento a las familias desde Educación Infantil, las comunidades de aprendizaje y la utilización de espacios comunitarios para actividades de refuerzo fueron algunas de las iniciativas examinadas. Ayuntamientos, servicios sociales, asociaciones vecinales y entidades del tercer sector tendrían un papel en esa colaboración.
Pero pedir a las familias que participen más exige tener en cuenta sus circunstancias. Los horarios laborales, la conciliación o el transporte pueden convertirse en obstáculos difíciles de salvar. Las conclusiones aconsejan flexibilizar los horarios y buscar fórmulas que faciliten su implicación, especialmente en los entornos con mayores dificultades.
Nuevas herramientas
La tecnología también entró en el debate, aunque no como sustituta de los fundamentos del aprendizaje. La cuarta mesa examinó el papel de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial en una enseñanza que debe adaptarse a herramientas cada vez más presentes en la vida de los estudiantes.
Entre las recomendaciones figura incorporar la alfabetización en inteligencia artificial al currículo educativo y enseñar a utilizar estas aplicaciones sin renunciar al razonamiento propio. También se planteó aprovechar las redes sociales para desarrollar capacidades de síntesis, comunicación y análisis de la información.
La formación tendría que alcanzar a docentes, alumnos y familias. Los centros necesitarían, además, más apoyo técnico y pedagógico, figuras como el mentor TIC y un mantenimiento adecuado de sus equipos informáticos. La evaluación no debería limitarse a contar cuántos profesores reciben cursos, sino comprobar qué cambia después en su manera de enseñar.
Medir para mejorar
Las cuatro mesas encontraron un punto de coincidencia: las buenas intenciones necesitan resultados. Poner en marcha un programa educativo no demuestra que funcione, del mismo modo que aumentar los recursos no permite conocer, por sí solo, si mejora el aprendizaje.
De ahí la recomendación de establecer objetivos concretos, realizar evaluaciones periódicas y constituir comisiones de seguimiento con participación de agentes externos a los centros. La evolución académica, la convivencia, los recursos disponibles y la aplicación práctica de la formación docente servirían para valorar las distintas intervenciones.
El propósito es disponer de información suficiente para corregir aquello que no funciona y dar continuidad a las actuaciones que produzcan mejoras. Las mesas también aconsejaron evitar programas demasiado amplios cuyos efectos resulten difíciles de medir.
Dos acuerdos
A diferencia de las recomendaciones educativas, que deberán someterse a estudio antes de una posible aplicación, la jornada sí concluyó con dos acuerdos concretos para dar continuidad al trabajo realizado.
El primero consiste en compartir las conclusiones de las mesas con todos los agentes participantes. Administraciones públicas, centros educativos, universidades, profesionales y entidades sociales podrán conocerlas, valorarlas y explorar posibles vías de colaboración. El acuerdo se refiere a la difusión y valoración de las recomendaciones, no a su ejecución.
El segundo es repetir la experiencia de PISAr a Fondo. De los datos a la acción. Con ello se pretende mantener abierto el espacio de reflexión y trabajo conjunto generado durante el encuentro y avanzar hacia posibles actuaciones compartidas.
Del debate al aula
Los acuerdos no implican que las medidas educativas hayan recibido el visto bueno de las administraciones ni que exista financiación comprometida para desarrollarlas. Tampoco establecen un calendario de aplicación.
Antes de que alguna de las recomendaciones llegue a los centros será necesario determinar su viabilidad, los recursos que requiere y las entidades que podrían participar en su puesta en marcha. Las mesas dejaron identificadas distintas líneas de intervención, pero no aprobaron un plan educativo.
La primera edición de PISAr a Fondo termina así con un diagnóstico colectivo, una relación de recomendaciones y dos compromisos de continuidad. Compartir las conclusiones y volver a reunir a los agentes implicados son los pasos acordados. La posibilidad de transformar alguna de esas ideas en medidas concretas queda pendiente de su valoración y desarrollo.
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