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La Dulcería Parrilla reabre en Triana y mantiene viva una historia de 120 años. / AH

La Dulcería Parrilla reabre en Triana y mantiene viva una historia de 120 años

Una cautelar provisional permite reabrir este martes el histórico negocio de Triana mientras su propietaria, Elena Parrilla, trabaja para adaptar el obrador y garantizar el futuro de una de las confiterías más emblemáticas de Las Palmas de Gran Canaria

A las puertas del obrador, el silencio todavía recuerda los días de incertidumbre. Dentro, sin embargo, vuelve a escucharse el sonido que durante 120 años ha marcado el pulso de la Dulcería Parrilla. Este lunes, sus seis trabajadores y Elena Parrilla han regresado a su rutina. Las manos vuelven a amasar, los hornos recuperan el calor y las vitrinas empiezan a llenarse de los dulces de siempre. No hay grandes discursos. Solo el deseo de que, cuando las puertas se abran este martes a las diez de la mañana, los clientes encuentren exactamente lo que llevan más de un siglo esperando encontrar.

La escena tiene algo de victoria íntima. No porque el problema haya desaparecido, sino porque el negocio ha ganado tiempo. El suficiente para seguir luchando.

Una resolución judicial ha concedido una medida cautelar provisional que suspende la orden de cierre dictada por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, permitiendo que la actividad continúe mientras se resuelve el procedimiento. Gracias a esa decisión, la histórica confitería de Triana volverá a atender al público apenas unos días después de haber preparado una dolorosa despedida.

Cronología de un cierre

La historia dio un vuelco en apenas unos días.

El viernes 26 de junio, la empresa recibió la notificación municipal que obligaba al cierre del obrador como consecuencia de la ejecución de una resolución derivada de la denuncia presentada por un vecino —propietario de un piso situado encima del negocio pero que no reside allí— por los ruidos procedentes de la actividad. La sorpresa llegó al comprobar que la resolución no solo afectaba al espacio de elaboración, sino que también impedía mantener abierto el punto de venta, una circunstancia que alteraba por completo la continuidad del negocio.

La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre una empresa familiar que ya había comunicado públicamente que tendría que cerrar sus puertas. Clientes, vecinos y varias generaciones de grancanarios asistían con tristeza a la posible desaparición de uno de los establecimientos más queridos del barrio de Triana.

Dulcería Parrilla vuelve a abrir gracias a una cautelar judicial. / AH

Sin embargo, el 1 de julio llegó un inesperado cambio de rumbo. El juzgado concedió una medida cautelar provisional frente a la resolución municipal y abrió la puerta a que la pastelería pudiera seguir funcionando mientras continúa la batalla judicial.

Nueva oportunidad

Cinco días después, el histórico establecimiento vuelve a levantar la persiana.

"La cautelar nos llegó el pasado miércoles y mañana volveremos a abrir en nuestro horario habitual, a partir de las diez de la mañana, y con nuestros productos habituales", explica Elena Parrilla mientras supervisa el trabajo del obrador, donde este lunes todo vuelve a parecerse a cualquier otro día... aunque ninguno de los presentes ignore que los últimos han sido cualquier cosa menos normales.

La propietaria reconoce que han sido jornadas especialmente difíciles para toda la plantilla. La incertidumbre sobre el futuro del negocio, la posibilidad real de un cierre y el cariño recibido por clientes de varias generaciones han convertido estos días en una auténtica montaña rusa emocional.

Resiliencia

Pero, superado el primer alivio, Elena Parrilla no quiere instalarse en la celebración. Su objetivo ahora es asegurar el futuro del negocio. "Contra la denuncia vecinal no voy a luchar más, pero sí voy a luchar por mantener la pastelería abierta", resume con serenidad.

Su hoja de ruta ya está definida. En las últimas semanas ha visitado otros obradores y ha analizado diferentes alternativas para adaptar las instalaciones a las exigencias actuales.

"Existe la posibilidad, según nos detalló una técnica municipal, de continuar aquí. Para eso tendríamos que adaptar y reformar el obrador: reducirlo de 500 a 250 metros cuadrados y operar con un horno eléctrico de diez caballos de potencia. Eso provocaría que nos tendríamos que adaptar, pero mi intención es seguir luchando para seguir abiertos e ir de la mano del Ayuntamiento en este proceso", explica.

Negocio centenario

Más allá del procedimiento judicial, Elena Parrilla habla del futuro con el mismo lenguaje con el que su familia ha entendido siempre el negocio: el de la continuidad.

Porque la Dulcería Parrilla no es únicamente un comercio. Es uno de esos establecimientos que crecieron al mismo ritmo que Triana, cuando buena parte del barrio todavía construía su identidad comercial. Como otros negocios centenarios de la zona, abrió sus puertas mucho antes de que la burocracia comenzara a exigir licencias de apertura. Ese requisito no empezó a implantarse hasta 1961 y, durante décadas, ninguna administración impulsó la regularización de numerosos establecimientos históricos que ya llevaban media vida formando parte del paisaje urbano de la ciudad.

La Dulcería Parrilla está ubicada en la calle General Bravo. / AH

Hoy, más de seis décadas después, esa realidad vuelve a cruzarse con la historia de un negocio que ha sobrevivido a guerras, crisis económicas, cambios sociales y profundas transformaciones de Las Palmas de Gran Canaria. Mientras los procedimientos administrativos y judiciales siguen su curso, la prioridad es otra mucho más sencilla.

Que este martes, a partir de las diez de la mañana, vuelva a abrir una puerta que nunca debió convertirse en símbolo de despedida. Que los clientes entren buscando los dulces de siempre. Que los trabajadores recuperen la normalidad que les arrebató la incertidumbre. Y que un negocio familiar con 120 años de historia pueda seguir escribiendo, al menos por ahora, nuevas páginas en la memoria sentimental de Triana.