Ángel Víctor Torres y la legislatura de los mil calderos al fuego

Al dirigente socialista le tocó presidir Canarias en un mandato plagado de adversidades | Su capacidad de liderazgo ante los problemas conquistó la confianza de miles de ciudadanos de las Islas que le confiaron un apoyo mayoritario en las urnas

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Ángel Víctor Torres por Farruqo.
Ángel Víctor Torres por Farruqo.

Fernando Pessoa, en 1907, depositó las ganas de una revolución cultural sobre los hombros de los afiliados de la Sociedad Gastronómica de Berlín. “Durante el postre”, dejó escrito el autor portugués en las primeras páginas de Una cena muy original, “había surgido una gran discusión sobre la originalidad en el arte de la cocina. Los tiempos eran desfavorables para todas las artes. La originalidad estaba en decadencia. En la gastronomía había también decadencia y flaqueza (…) Una salsa diferente, una ligera variación en la forma de condimentar o sazonar, eran suficientes para que el plato más reciente se considerara distinto al anterior. No había verdaderas novedades, solo innovaciones”. Para transformar la anodina realidad de sus personajes, el autor lisboeta —que escribió el relato bajo la firma de Alexander Search, uno de sus heterónimos— puso en el centro de la acción a Wilhelm Prosit, el presidente de esa curiosa cuadrilla que tenía los fogones como nexo en común. El protagonista de la trama, para demostrar que la originalidad aún era posible, convocó a todos sus compañeros a otro banquete bajo la promesa de que el almuerzo sería impactante y original. 

En Canarias, en 2019, al igual que en el mundo literario que imaginó y plasmó negro sobre blanco Pessoa, también había ganas de cambio. Tras 26 años de gobiernos regionales presididos por un dirigente de Coalición Canaria (CC), el mandato popular que dejó el resultado de las elecciones autonómicas articuló una transformación: Ángel Víctor Torres Pérez (Arucas; 30 de marzo de 1966) se convirtió en el primer socialista —desde 1993, cuando una moción de censura descabalgó a Jerónimo Saavedra— en asumir la jefatura del Ejecutivo canario. Lector apasionado de Pessoa y feliz con el delantal puesto si la tarea conlleva cocinar para muchos —curiosamente—, el destino le puso delante una legislatura repleta de sorpresas desagradables —como el menú con el que Prosit sobrecogió a sus compañeros de la Sociedad Gastronómica de Berlín, que no difirió mucho del banquete con que cierto rey persa (según Herodoto) agasajó a uno de sus adlátares—. 

Adversidades

El 12 de julio de 2019, segundos después de que Gustavo Matos —como autoridad de la cámara regional— proclamara la investidura de Ángel Víctor Torres como presidente de Canarias —gracias a los votos de PSOE, Nueva Canarias (NC), Podemos y Agrupación Socialista Gomera (ASG)— y de que los diputados correspondieran esa proclamación con un largo aplauso, un grito encandiló el Parlamento. “¡Papi, papi”, chilló desde la tribuna de invitados su hijo Miguel que, junto a su mujer Ivana Hernández y su padre Bonifacio, disfrutaban de una jornada que, cargada de emociones, tal vez fue la más tranquila de los cuatro años de mandato que tuvieron como fecha de inicio ese día. Después de eso, al líder socialista le tocó gestionar problemas: dos graves incendios que en cuestión de días devoraron buena parte de la corona forestal de Gran Canaria; la quiebra del turoperador Thomas Cook —la agencia de viajes más antigua del mundo, que dejó tirados a 30.000 turistas, en su mayoría británicos, en las Islas—; la pandemia provocada por el COVID19 —el primer caso registrado en España se localizó en La Gomera y el primer confinamiento (de casi un millar de personas) a causa del coronavirus tuvo lugar en el sur de Tenerife en febrero de 2020—;  la erupción del volcán de Cumbre Vieja en La Palma; o la inflación derivada de la invasión rusa en Ucrania. Un contratiempo detrás de otro.

Ángel Víctor Torres, durante su etapa como presidente de Canarias, en el Parlamento. / MIGUEL BARRETO-EFE
Ángel Víctor Torres, durante su etapa como presidente de Canarias, en el Parlamento. / MIGUEL BARRETO-EFE
 

Ante todas esas adversidades, Torres se convirtió en la cara oficial y amable que convirtió en cercanas, pedagógicas y cotidianas cada una de sus explicaciones. Con el temple de un profesor de instituto que se expone frente a una clase repleta de adolescentes, el dirigente socialista encaró los problemas, explicó al detalle el por qué de cada actuación y detalló cada paso que había que dar. Fue, se comportó y ejerció como un líder. Su presencia, su voz, aportaron confianza en momentos duros para muchos canarios. En 2023, cuatro años después ser el candidato a la presidencia de Canarias más votado —pese a tanta desgracia en el camino—, obtuvo un amplio respaldo en las urnas: su candidatura en la circunscripción regional sumó 295.969 votos —33.718 papeletas más que en 2019, 48.158 apoyos más que los logrados por las listas insulares de su partido y 120.771 sufragios más que la plancha liderada por Fernando Clavijo (CC)—. Con todo, esos números no le sirvieron para continuar como presidente de Canarias.

Ministro

Si la primera reacción de Torres ante cualquier adversidad fue estar en primera línea, ejercer como alcalde de todos los canarios, la gestión posterior de todas las crisis por parte de su equipo fue penalizada por el electorado del Archipiélago. El PSOE, por ejemplo, se desplomó en La Palma tras la erupción del volcán. En Tenerife, con movimientos sociales en plena ebullición por la masificación de la isla, los problemas de movilidad o la explotación del territorio, el Cabildo —bajo presidencia socialista después de tres décadas de gobiernos de Coalición— aprobó el proyecto del Circuito del Motor y dos ayuntamientos controlados por el propio PSOE (Adeje y Granadilla) mantuvieron en pie proyectos como Cuna del Alma o La Tejita. La corrupción, a última hora, se convirtió además en el talón de Aquiles de su administración durante el último año de mandato. Dos casos, Mascarillas y Mediador, salpicaron a un Ejecutivo que fue incapaz de filtrar la presencia —en su interior o alrededores— de figuras como Bernardo Fuentes, Taishet Fuentes o Conrado Domínguez —este último, pese a la resistencia de Teresa Cruz de mantenerlo alejado de la Consejería de Sanidad; posición que provocó el cese de la propia consejera durante los primeros meses de la pandemia para alegría de una buena cantidad de conseguidores que parasitan de lo público—.

Ángel Víctor Torres posa con la cartera del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. / RODRIGO JIMÉNEZ-EFE
Ángel Víctor Torres posa con la cartera del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. / RODRIGO JIMÉNEZ-EFE

El tirón popular de Torres, pese a los casos Mediador y Mascarillas, no pasó desapercibido para Pedro Sánchez, que tanteó la posibilidad de llevar al expresidente de Canarias como número uno de las listas al Congreso por Las Palmas en las últimas elecciones generales —en ese plan incluso se llegó a plantear la opción de que Casimiro Curbelo encabezara la plancha de la provincia de Santa Cruz de Tenerife—. La respuesta del dirigente socialista en las Islas fue un no firme. En su decisión pesaron dos detalles determinantes: el apego a su familia y su intención de continuar como líder del PSOE en el Archipiélago. Esos planes saltaron por los aires con la segunda llamada de Pedro Sánchez el día que le ofreció la cartera de ministro de Política Territorial y Memoria Democrática. Nieto de republicanos represaliados y alcalde de uno de los primeros municipios que abrió una fosa común con víctimas de la represión franquista en las Islas, Torres no dejó escapar el siguiente tren de una carrera política que empezó en 1999 en Arucas. 

Profesor

Tras estudiar Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna y publicar el libro Retales de un tiempo difuso, en 1991 —dos años después de obtener la licenciatura— accedió a un puesto de profesor de Secundaria tras aprobar las oposiciones —plaza que le espera si algún día abandona la política— y haber estudiado el doctorado. Docente hasta 1999, ese años se convirtió en concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Arucas, en 2001 ya era el portavoz municipal de la formación y en 2003 fue elegido alcalde, cargo que ocupó hasta 2007 y que luego recuperó en 2011. Etiquetado —por sus rivales dentro del partido— como miembro del sector agrosocialista, su crecimiento dentro de la organización ha sido imparable: en 2010 fue nombrado secretario insular por Gran Canaria, en 2015 encabezó la lista a la presidencia del Cabildo —institución en la que ejerció como vicepresidente y consejero de Obras Públicas y Deportes— y en 2017 fue nombrado secretario regional del PSC —en un congreso en el que superó a Patricia Hernández y Juan Fernando López Aguilar—.

Ángel Víctor Torres y Pedro Sánchez. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE
Ángel Víctor Torres y Pedro Sánchez. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE

Nada más ser nombrado ministro, Torres tuvo que encarar una noticia demoledora para el PSOE del Archipiélago: la muerte de Jerónimo Saavedra, un líder que durante 50 años ejerció de guía y pastor en la aventura de la Transición y consolidación de la Democracia para todos los socialistas canarios —una especie de Dersú Uzalá para el capitán Vladimir Arséniev a través de las estepa siberiana, la historia que Akira Kurosawa llevó al cine (es la película favorita de Torres). Sus tareas en Madrid, de momento, no le impiden pasar el fin de semana en las Islas junto a su familia y sus amigos —Suso, Sebi, Marcos, Luis Carlos, Germán y Antonio Luis, con los que jugaba al fútbol de joven en La Goleta y con los que descubrió rincones del mundo en diferentes viajes—. Ahora intenta reunirlos alrededor de sus habilidades en los fogones: él presume de sus platos de cuchara y su sancocho; ellos le piden que haga más fideuás. En la sobremesa, eso sí, a Torres ahora le toca presumir: su querido Athletic de Bilbao, 40 años después de levantar el penúltimo título, le ha dado una alegría al proclamarse campeón de la Copa del Rey.