La crisis del crucero Hondius y su brote de hantavirus le ha venido como anillo al dedo a los intereses del Gobierno de Canarias de que la autonomía participe en la gestión de los puertos y aeropuertos de las islas.
Desde que se anunció que el destino del buque iba a ser el archipiélago, el tira y afloja entre Canarias y el Estado ha sido más político que sanitario. A pesar de los aspavientos y el alarmismo, una hipotética operación de desembarque, aislamiento, tratamiento y posterior repatriación de pasajeros, incluso si estuviesen infectados, no debería resultar en un grave riesgo epidemiológico para un sistema sanitario europeo y avanzado como es el de Canarias.
Tenerife, en vilo por razones no sanitarias
Los epidemiólogos no se han cansado de repetirlo esta semana: el contagio de humano a humano, en esta enfermedad, es muy difícil. Han de darse unas condiciones de falta de ventilación y contacto continuado muy específicas, algo que parece bastante improbable en un traslado con equipos de protección y protocolo sanitario.
Sin embargo, durante cinco días Tenerife ha vivido creyendo que el mero atraque del barco en un dique insular podría suponer la inmediata propagación de una epidemia letal, que mataría a uno de cada cuatro infectados. La teatralización del proceso de llegada del barco ha tenido mucho que ver.
La clave: los puertos y aeropuertos
Pero la clave de todo esto, realmente, no está en evitar los contagios ni en que una rata portadora de hantavirus pueda descolgarse por un cabo de amarre y causar estragos en la isla. Esto es relativamente fácil en un operativo controlado y ningún Estado moderno tendría grandes dificultades para garantizar la seguridad de todos los implicados en el mismo. Por el contrario, el gran triunfo del Gobierno de Canarias en este tablero de ajedrez ha estado en conseguir cambiar el verbo atracar por fondear.
Parece una diferencia ínfima, pero para los intereses del Ejecutivo de Fernando Clavijo en materia de desarrollo de competencias estatutarias lo significa todo. "El barco no tocará tierra de Tenerife", decía este viernes el portavoz del Gobierno de Canarias, Alfonso Cabello, en una rueda de prensa. No se contempla “en ningún caso” el atraque, apuntalaba el vicepresidente canario, Manuel Domínguez. El pulso está ganado, Canarias ha podido meter mano a la soberanía española sobre puertos, y esto es clave porque el mes pasado empezaron las negociaciones entre la autonomía y el Estado para avanzar hacia una cogestión por el momento aeroportuaria.
Un informe clave
La guinda del pastel la ha tenido el informe extraordinario del Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada (ICGEA), emitido ayer jueves y al que ha tenido acceso Atlántico Hoy, que pone a Aena en el punto de mira en la gestión de la evacuación de los pasajeros del Hondius por el aeropuerto Tenerife Sur una vez sean desembarcados.
El informe cuestiona la preparación real de los aeropuertos canarios, la segregación operativa de pasajeros, los protocolos extraordinarios de bioseguridad, la coordinación con aerolíneas internacionales, el impacto sobre vuelos comerciales ordinarios y la capacidad para evitar alteraciones reputacionales o disfunciones operativas durante plena temporada alta turística. Materias, todas, en las que Canarias está decidida a tener algo que decir con una reforma de su Estatuto de Autonomía que introduzca la cogestión aeroportuaria.
El Instituto Coordenadas advierte en su informe de que una eventual dificultad de repatriación a través de los aeropuertos insulares podría generar un escenario especialmente delicado para Canarias, con permanencias prolongadas de pasajeros bajo vigilancia epidemiológica en territorio insular. Y en esto, hoy por hoy, el archipiélago no tiene voz ni voto.
Pende de un hilo
Y es que, de hecho, la operación de desembarque y evacuación aérea de los pasajeros del Hondius tiene que funcionar como un reloj suizo o, sencillamente, será abortada. El Gobierno canario ha afirmado este viernes que, si no se dan simultáneamente buenas condiciones marítimas que permitan el fondeo en Granadilla y la disponibilidad de todos los aviones medicalizados en Tenerife Sur, el crucero tendrá que seguir su ruta hacia Países Bajos con los pasajeros a bordo.
Preguntado por Atlántico Hoy, Alfonso Cabello señala: "Este tipo de casuística pone el foco sobre lo importantes que son los puertos y aeropuertos para esta tierra y, por lo tanto, le da sentido al desarrollo estatutario que nos permitiría esa cogestión".
Conseguir introducir el veto al atraque ha sido clave para poner sobre la mesa este elemento de presión que permita avanzar en las negociaciones por la cogestión portuaria y aeroportuaria. El Hondius se fondeará dentro del dique de Granadilla, es decir, al abrigo del puerto, a tan sólo unas decenas de metros de la línea de atraque. Pero, como decía Cabello, sin tocar tierra de Tenerife. Sin ninguna duda, la jugada ha sido un éxito estratégico.
Centrados en la crisis
Pero este logro no puede gritarse a los cuatro vientos, ahora toca centrarse en la emergencia. El informe del Instituto Coordenadas alerta de que asociar al archipiélago con una crisis epidemiológica puede suponer un serio quebranto de la confianza pública en Canarias como destino seguro, en España e incluso en los controles de la zona Schengen.
"Ahora mismo estamos a otra cosa, no estamos evaluando el impacto económico que pueda tener la crisis. Nuestra principal preocupación es garantizar la integridad de todo el personal implicado en la operativa y de la población", dice Cabello a Atlántico Hoy, pero añade la puntilla: "No entendemos por qué se ha tomado la decisión unilateral de trasladar el barco de Cabo Verde a Canarias, pero sin entenderlo ni compartirlo estamos totalmente volcados, por razones humanitarias, con la operativa".
