Rodolfo Núñez: ¿quién dijo que unir Canarias era imposible?

El presidente de Binter fue despedido por la propia aerolínea cuando ocupaba la dirección general y la compañía era una filial de Iberia | Núñez salió de Binter, pero Binter no salió de la cabeza de Núñez

Guardar

Rodolfo Núñez por Farruqo.
Rodolfo Núñez por Farruqo.

Rodolfo Núñez Ruano (Santa Cruz de Tenerife, 1959) entendió muy pronto que para hacer realidad sus sueños —ser un hombre libre para no tener que trabajar a las órdenes de alguien al que no respetara— debía ser un estudiante brillante. Lo logró como se suelen perpetrar esas pequeñas hazañas personales: con constancia y esfuerzo. Convertido ya en un licenciado sobresaliente en Ciencias Económicas, su salto al mercado laboral fue tan veloz como urgente. En su primer empleo se desempeñó con tanta soltura, tan sabihondo, que una compañera —ya veterana— se lo llevó a un aparte para darle un consejo que nunca olvidó: “Eres, probablemente, la persona más preparada y que más sabe de la empresa, pero hay una cualidad que no tienes, que no se enseña en la universidad y que sólo puedes adquirir con el tiempo: experiencia. Tómatelo con calma”.

Como lo de esperar no iba mucho con él, Rodolfo Núñez encontró un atajo para paliar esa desventaja profesional: se arrimó a los más veteranos y no perdió detalle de cómo se manejaban en cada situación para arrogarse por la vía rápida una buena dosis de conocimiento o habilidad para hacer algo. En definitiva, ejecutó con la precisión de un cirujano otra sugerencia que un día le dio —a él y a sus compañeros de universidad— un profesor: “Copiar una vez a alguien mejor que tú es un gesto inteligente; hacerlos dos veces es una genialidad; y perpetrarlo ya tres veces es un milagro”. 

Gobierno de Canarias

Unos cuantos años después de aquella primera experiencia laboral, se puede afirmar que a Rodolfo Núñez no le ha ido nada mal. Hay pocos profesionales en Canarias con su currículum. Ejerce, desde 2020, como presidente de Binter —compañía de la que es el accionista mayoritario—. Antes ejerció como profesor de la Universidad de La Laguna, ocupó altos cargos de dirección en Líneas Aéreas Canarias o Fred Olsen, ejerció como jefe de gabinete de Manuel Hermoso cuando el líder de Coalición Canaria ocupó la presidencia del Gobierno de Canarias, fue consejero de Transportes Aéreos y Marítimos y Obras Públicas, Vivienda y Aguas del Ejecutivo autonómico y durante 12 años presidió CajaCanarias. Lo que se dice un hombre libre que no trabaja a las órdenes de alguien al que no respeta.

Fotomontaje con la aerolínea Binter y su principal accionista, el empresario Rodolfo Núñez / FOTO AH
Fotomontaje con la aerolínea Binter y su principal accionista, el empresario Rodolfo Núñez / FOTO AH

Binter puede parecer, de momento, la última parada de la vida laboral de Rodolfo Núñez, pero la relación entre la compañía aérea y su actual presidente tiene como origen octubre de 1988, cuando fue nombrado director general de una empresa que aún era filial de Iberia. Ese episodio no tuvo mucho recorrido, poco más de tres años. En abril de 1992, la aerolínea anunció el despido de Rodolfo Núñez, un cese que le pilló en el Hotel Princesa Plaza de Madrid junto a buena parte de la industria turística de Canarias que se había desplazado a la capital para participar en una edición de Fitur. Aquella decisión no le pilló por sorpresa. Era el último acto de una desventura que le había generado bastante frustración por una serie de continuos desacuerdos con el presidente que entonces dirigía la compañía. El propio Núñez, que tiene claro que donde manda patrón no manda marinero, admite que en una situación así él no hubiera aguantado tanto a un empleado. 

Interés de las Islas

Rodolfo Núñez se fue de Binter, pero Binter nunca desapareció de los planes de Rodolfo Núñez. En 1992 ya tenía claro que la compañía era un buen negocio si se hacían bien las cosas, si se ofrecía un buen servicio y, sobre todo, si se defendía el interés general de Canarias —tres detalles que la aerolínea no cuidaba hace 32 años—. Tras pasarse un año sin el estrés que generan las batallas diarias de un alto ejecutivo, disfrutando de algunos partidos de tenis, del footing (entonces no se conocía el concepto running) y valorando opciones —incluso volver a dar clases en la Universidad de La Laguna, actividad que le gustaba pero que no le llenaba—, en 1993 recibió la llamada de Manuel Hermoso para que formara parte del Gobierno de Canarias. La política le atraía, pero también le generaba dudas. Así que dio largas al presidente de la Administración autonómica, que tuvo que recurrir al padre del propio Rodolfo Núñez para que aceptara el cargo de jefe de gabinete de su Ejecutivo.

Rodolfo Núñez y Fernando Clavijo / PRESIDENCIA
Rodolfo Núñez y Fernando Clavijo. / PRESIDENCIA

Tras un año y medio en ese puesto, Hermoso le encomendó tareas mayores: durante dos años —hasta 1995— fue consejero de Obras Públicas, Vivienda y Aguas. Con esa experiencia cerró su paso por el servicio público para regresar a la industria del transporte como director general de Fred Olson. Su etapa en la compañía noruega coincidió con la apuesta de la naviera por la conexión entre islas, con la ruta entre Santa Cruz de Tenerife y Agaete (Gran Canaria) como punta de lanza. Participó en esa operación, que luego se replicó con éxito en el resto de islas, y fue allí donde comprendió —una de sus máximas es “el deber de aprender allí donde uno está”— que la filosofía de atender bien al cliente genera más beneficios que problemas.

CajaCanarias

Otra llamada de Manuel Hermoso, en 1996, cambió de nuevo su destino: el presidente del Gobierno de Canarias le convenció para que optara a la presidencia de CajaCanarias, la primera compañía financiera de las Islas. Después de una dura pugna en las elecciones, fue elegido para dirigir la caja de ahorros de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. En principio iba a ocupar el cargo durante cuatro años; al final pasó 12 en un despacho que en su primer día de trabajo tardó 10 minutos en encontrar —y donde compartió espacio con un cuadro obra de su tío Juan Ruano, lienzo que fue galardonado durante l 50 aniversario de la entidad—. Fue en ese periodo donde Rodolfo Núñez consumó su regreso a Binter. Hubo un primer intento en 1998, pero no se concretó hasta 2002 —cuando Iberia sacó a subasta a la aerolínea—, cuando lideró un grupo formado por dos consorcios —uno de de Tenerife; otro de Gran Canaria— que pagó 55 millones de euros —“tras hipotecar hasta el perro que no tenía”, explica el propio Núñez— por el control del 100 % de las acciones de la compañía. 

En 2002, Binter contaba con 400 trabajadores; ahora da empleo a casi dos mil personas. Hace 22 años, la compañía contaba con 11 aviones; ahora tiene 29 ATR, cinco Embraer E195-E2 y durante los próximos meses recibirá otras 11 unidades de este modelo. Cuando Iberia vendió la aerolínea, sólo cubría rutas entre islas con unos 120 trayectos al día; ahora llega a 15 destinos nacionales y 18 internacionales en 250 vuelos diarios. Es, junto a IAG —el grupo de Iberia y British Airways—, la única empresa del sector en España que no está en situación de insolvencia tras superar la crisis provocada por el coronavirus. Y, sobre todo, en estas dos décadas Binter se ha convertido en uno de los factores fundamentales para cambiar la realidad del Archipiélago. Su apuesta por la movilidad, por unir —como Rodolfo Núñez ya había visto en 1988— un territorio fragmentado, ha permitido pensar —y hacer— Canarias.